
En los bosques Ñuu Savi de Tlaxiaco, Oaxaca, nace la itandeca, una flor utilizada para curar diversas enfermedades. De ese mismo territorio es originaria Lila Downs, quien también intenta sanar otro tipo de heridas: las sociales.
No parece casualidad. La cantautora oaxaqueña florece, desde la música y el activismo, con causas como la igualdad de género y la lucha contra la mortalidad materna, de la mano de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS).
Confiesa que, en lugar de esperar a que la burocracia actúe, ha buscado cómo llevar apoyos directos a mujeres, como becas para que jóvenes de Oaxaca concluyan su educación media superior.
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“Esta beca es pequeña, hemos apoyado a unas 230 chicas. Se basa en tutorías voluntarias de profesionistas que vienen de un pueblo a compartir sus conocimientos”, explica a EL UNIVERSAL.
“Es importante que entre mujeres seamos sororas, que tengamos esa solidaridad, que si vemos que alguna tiene un problema le ofrezcamos la mano. Ahora se está dando eso más que nunca. Yo viví en otra época en la que peleábamos una contra otra”, añade.
Lila también aporta en otros frentes como la migración, los derechos de los pueblos originarios y la justicia social, mediante sus canciones. Parte de esa mirada tiene raíces familiares: es hija de una madre entusiasta de las artesanías y de un padre cineasta interesado en el tejido de la mujer triqui y el trabajo con el barro.
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“Me convertí en una gran defensora de los artesanos y artesanas que no eran tomados tan en cuenta; ahora creo que ya hemos revitalizado esa visión”.
Se abre paso
El camino en una industria históricamente dominada por hombres supuso un reto a vencer.
Recientemente estrenó “Cambias mi mundo” junto a Snow The Product, un tema que celebra el empoderamiento femenino y el papel de las jóvenes que buscan transformar su entorno a través de la educación.
Pero en su obra también aparecen otras heridas del país: desde los 43 estudiantes de Ayotzinapa hasta las mujeres desaparecidas en México, temas por los que, asegura, incluso sufrió censura durante un sexenio.
“Es más difícil hablar para algunas mujeres. Tenemos que mesurar a veces nuestros mensajes; lo lindo de ahora es que estamos en otro momento en el que podemos ser francas y honestas. Es una decisión en la que tú dices: ‘de ahora en adelante voy a hablar la verdad’, y eso cuesta porque luego algunos te dan la espalda”.
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