Hacia las 21:00, el domingo del el cuerpo de los asistentes empezaba a resentir las horas acumuladas, pero el ambiente seguía creciendo. En el Autódromo Hermanos Rodríguez, la temperatura había caído otro tramo y eso modificaba más gente congregada en los espacios de baile, menos tránsito entre escenarios, más permanencia.

En BionicJUNGLE, el b2b de Fenrick y Prada 2000 soltaba “Kids” de MGMT. La reacción fue de cabezas que se movían en sincronía, hombros que seguían el pulso, cuerpos que ya no saltaban pero tampoco abandonaban. Muchos asistentes habían cruzado el umbral del cansancio y buscaban bordes donde sentarse; otros resistían de pie, reducidos a movimientos mínimos pero constantes.

Entre ellos, una persona agitaba una pistola rosa de burbujas intentando reactivar la euforia mientras, a pocos metros, la bandera LGBT ondeaba sobre la multitud.

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En un stand de Daisy Lane, dos chicas vestidas de ángeles posaban dentro de jaulas metálicas para fotografías: alas blancas, luces frías y fila constante.

En Wasteland, ubicado hacia el inicio del recorrido, Tape B sostenía una atmósfera industrial con Dubstep. El escenario, con apariencia de bodega, disparaba ráfagas de láser y fuego mientras las pantallas proyectaban murciélagos fosforescentes en vuelo.

Quienes conocían el lenguaje del hardstyle ocupaban el centro con pasos precisos, girando mascadas en el aire como extensión del ritmo.

Alrededor, los contenedores intervenidos con grafiti reforzaban el entorno: versiones de Freddie Mercury en "I Want to Break Free", perros en actitud de ataque, calaveras, tipografías orientales. El espacio parecía una galería rave al aire libre.

En contraste, NeonGARDEN alcanzaba uno de sus picos. Bajo la carpa, globos plateados suspendidos y luces rojas intermitentes marcaban el pulso mientras Ben Sterling conducía a un público que sí bailaba de forma continua. Los silbidos y gritos acompañaban cada transición.

Cuando sonó “Funky Town”, la respuesta fue de manos arriba, saltos simultáneos, unificación rítmica casi de club cerrado pese a estar al aire libre. Sombreros con luces, patitos inflables en la cabeza, paliacates y lentes oscuros nocturnos componían la estética del momento. La cerveza fría seguía circulando.

Dennis Cruz tomó el relevo casi sin pausa, sosteniendo la densidad. En lo alto, una bandera de One Piece y una medusa fosforescente se balanceaban sobre la pista. Banderas de México, en mástiles o capas, dominaban el paisaje, junto a una bandera de Honduras.

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