Facebook, X, Instagram, las aplicaciones bancarias… nuestros datos personales circulan por todas partes, casi siempre sin que reparemos en las consecuencias ni en escenarios extremos como el que plantea Sin piedad.

Protagonizada por Chris Pratt y Kali Reis, la cinta explora los riesgos de la inteligencia artificial y los escenarios que podría detonar.

“Planteamos un 2029 en Los Ángeles en el que muchas personas han sido desplazadas de sus trabajos por la IA y eso desemboca en un escenario de anarquía”, explica Pratt en entrevista con EL UNIVERSAL.

“Ese aumento del crimen y la violencia hace que el mundo se sienta al límite. Puede parecer lejano, pero incluso hoy, en 2026, no es difícil imaginar que para 2029 el panorama sea igual de agitado”, añade.

En el filme, que se estrena hoy en salas mexicanas, una inteligencia artificial llamada Rebeca decide el destino de los acusados: juez, jurado y verdugo en un proceso que les concede apenas 90 minutos para probar su inocencia o morir.

Frente a ello, el personaje de Pratt busca “reprogramarla” para dotarla de conductas humanas, un giro que, para el actor, obliga a reflexionar sobre los límites de lo que enseñamos a las computadoras.

“La inteligencia artificial no está incentivada a moderarse ni a cuestionar si lo que dice es verdadero. Y hay que tener cuidado porque vivimos en una era de posverdad, rodeados de narrativas inquietantes sobre nosotros mismos y sobre el mundo”, explica el actor de Guardianes de la Galaxia.

Ya nada es privado

En cuanto a la privacidad, otro de los ejes centrales del filme, el director Timur Bekmambetov subraya que se trata de un concepto cada vez más difuso.

“Debemos aprender a vivir en un mundo en el que es muy difícil proteger la privacidad y en el que prácticamente ya no existe, aunque nos pregunten si aceptamos o no las cookies”, lamenta el también director de Se busca.

El productor Charles Roven, quien ha trabajado el filmes como Escándalo americano, subraya que la inteligencia artificial está lejos de ser perfecta, como nada en la vida lo es, aunque constantemente se intente pulirla o llevarla al límite.

“La IA es solo una herramienta, como las computadoras o los robots. Debemos hacer todo lo posible por usarla de la mejor manera y no demonizarla por fallar, porque no es su culpa”, complementa.

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