
Si México contara con una ley anti-bots como la de Estados Unidos o Corea del Sur, el colapso en la venta de boletos para BTS podría haberse contenido.
Algo similar ocurriría si existiera una prohibición efectiva a la reventa con sobreprecio, como la que avanza en Reino Unido, o un esquema de sanciones penales y boletos nominales (con identificación) como en Japón, donde una persona puede enfrentar multas severas o incluso prisión por revender.
El conflicto registrado la semana pasada durante la venta de boletos para los conciertos de BTS en México no puede explicarse únicamente por la cantidad de personas conectadas.
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La saturación de filas virtuales, la imposibilidad de compra para miles de fans y la rápida reaparición de boletos en reventa a precios inflados evidencia la ausencia de candados legales que sí operan en otros países.
El fenómeno no es exclusivo de México; la diferencia: en otros mercados la ley interviene antes de que el conflicto estalle.
En Estados Unidos, por ejemplo, donde tampoco hay tantos candados legales, el uso de bots para acaparar boletos está prohibido desde 2016 y, aunque la reventa sigue siendo legal, se han reforzado reglas para transparentar el precio final del ticket.
En Reino Unido, el gobierno ya avanza hacia la prohibición de la reventa por encima del valor original y contempla sanciones significativas, además de exigir mayor claridad sobre el origen y el precio real de cada entrada antes de la venta.
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Japón representa uno de los modelos más restrictivos: la reventa no autorizada está tipificada como delito, los boletos suelen ser nominales y se verifica la identidad del asistente al ingreso.
En Corea del Sur, país de BTS, además de sancionar el uso de software automatizado, se han reforzado los controles y mecanismos para cancelar boletos adquiridos con fines especulativos.
En México, en contraste, no existe una legislación clara que prohíba la reventa digital con sobreprecio, sancione bots o vincule los boletos con el comprador. Tras el caso BTS, Profeco anunció revisiones y posibles mejoras, aún sin aplicación normativa.
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Bots: cuando hacer trampa sí está tipificado
En México persiste la idea de que la reventa es un fenómeno aislado, asociado a personas que compran boletos físicos y los revenden fuera de los recintos.
Sin embargo, el problema es mucho más amplio. Desde hace más de una década, en distintos países se ha documentado el uso de software automatizado para adquirir boletos en milisegundos.
En Estados Unidos, ése fenómeno empezó a enfrentarse de manera formal en 2016.
Ese año entró en vigor la Better Online Ticket Sales Act, conocida como BOTS Act (Public Law 114-274), que prohíbe usar software para evadir medidas de una boletera como límites de compra, colas o captchas, y también prohíbe vender o revender boletos obtenidos así.
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La aplicación queda bajo la órbita de la Federal Trade Commission (FTC) como práctica injusta o engañosa, lo que abre la puerta a sanciones civiles y litigios.
Lo relevante no es que el bot desaparezca, sino que cambia la discusión. Ya no todo se resume en “se cayó el sistema”; también existe la pregunta legal de quién violó la norma y cómo se prueba.
En enero de 2026, por ejemplo, la FTC demandó a Live Nation Entertainment y a su filial de ticketing por prácticas asociadas al ecosistema de venta y reventa, un giro que muestra que el tema escala en prioridad regulatoria.
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Reino Unido también metió los bots al terreno sancionable. La Digital Economy Act introdujo un delito específico por usar ticket bots para comprar entradas en cantidad, con multas que pueden llegar a 5 mil libras.
Corea del Sur, un mercado que vive en alta demanda casi permanente por el peso de la industria pop, endureció el enfoque. Medios internacionales han documentado reformas y persecución contra el macro ticketing, con penas que pueden incluir prisión y multas en el marco de su regulación de espectáculos. No es una varita mágica, pero sí un mensaje: la automatización para acaparar no es picardía, es una conducta perseguible.
México, en contraste, opera con herramientas generales de consumo y sanción administrativa, pero sin una pieza legal equivalente que describa y castigue el bot para evadir límites como conducta típica.
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Reventa con sobreprecio: de mercado tolerado a práctica perseguible
La sorpresa de muchas fans de BTS en México fue comprobar que, a los pocos segundos de iniciada la venta, los portales de reventa ya ofrecían los mismos boletos a precios desorbitados.
Ese contraste deja al descubierto una diferencia clave entre los países que toleran el mercado secundario y aquellos que han decidido someterlo a reglas estrictas. Francia es uno de los ejemplos más claros.
Su Código Penal, en el artículo 313-6-2, sanciona la reventa habitual de boletos sin autorización del organizador. La multa puede ser de 15 mil euros y se agrava en caso de reincidencia. En este caso, queda claro que no es el fan que revendió una vez porque no puede ir; es la reventa como negocio.
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Japón ha ido más lejos
Desde 2019 opera la ley conocida en inglés como Act on Ensuring the Proper Distribution of Show and Event Tickets by Prohibiting the Unauthorized Resale of Specified Show and Event Tickets, que prohíbe la reventa no autorizada de ciertos boletos por encima de su valor y prevé hasta un año de prisión o multas de hasta 1 millón de yenes (unos 112 mil pesos).
Reino Unido está en un punto intermedio, pero moviéndose. El gobierno ha planteado medidas para limitar o frenar la reventa con lucro, con énfasis en transparencia del origen del boleto y sanciones que pueden ser fuertes, incluso proporcionales al tamaño del negocio. La discusión se ha reactivado por escándalos de precios inflados en giras masivas.
Estados Unidos es el que tolera más abiertamente la reventa, con variaciones por estado, y ahí el conflicto suele migrar hacia antimonopolio, transparencia de cargos y prácticas de plataforma.

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En 2024, el US Department of Justice demandó a Live Nation y Ticketmaster por conducta anticompetitiva, una señal de que el problema de boletos ya se discute también como poder de mercado.
En México no existe una prohibición nacional específica y eficaz para la reventa digital con sobreprecio, y la persecución se vuelve reactiva y fragmentaria.
Boletos personales y verificación de identidad
Una diferencia práctica enorme es si el boleto funciona como billete o como credencial.
Japón amarra la restricción de reventa a mecanismos que vuelven el boleto de alguien: boletos personales, verificación de identidad y canales oficiales de reventa autorizada. Eso no elimina el fraude, aunque sube el costo del acaparamiento.
China empujó un esquema masivo de compra y acceso con nombre real. En 2023, autoridades emitieron avisos para reforzar la compra y entrada con identidad en espectáculos grandes, con reglas tipo “un ID, un boleto” y coincidencia de datos al ingreso.
En un país con alta intervención estatal, la lógica es clara: si hay reventa, que sea detectable, no un mercado paralelo cómodo.
Alemania no se apoya tanto en una gran ley anti reventa nacional, sino en contratos, tribunales y plataformas oficiales.
Parte del control en ese país ocurre por restricciones de reventa y por decisiones judiciales que permiten imponer límites de sobreprecio y condiciones de reventa en términos del evento. Un ejemplo: un tribunal, el OLG Celle, respaldó límites que, en la práctica, frenan el margen del revendedor frente al organizador.
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Corea del Sur complementa el castigo a macros con esquemas de preventa, membresías y cancelación cuando se detecta compra especulativa, un modelo afinado por años de demanda extrema.
México usa poco este candado de forma sistemática: si el boleto no está ligado a la identidad, la reventa circula sin problemas.
Transparencia del precio final
Muchos pleitos no nacen solo del acceso, sino de la sensación de engaño: entrar por un precio y salir con otro cuando el fan ya invirtió tiempo y ansiedad.
En la Unión Europea, el comprador debe recibir información clara del precio total y condiciones antes de cerrar.
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En Estados Unidos, el enfoque más reciente va directo contra los “junk fees”. Una regla de la FTC obliga a que el precio se muestre de forma más transparente en sectores que incluyen boletos, para reducir el “drip pricing”, es decir, cargos que aparecen al final.
En Alemania, incluso con un mercado más ordenado, los tribunales han revisado prácticas de diseño que empujan compras adicionales, como seguros sugeridos de forma agresiva.
Sanciones claras e intervención preventiva
Se ha demostrado que los países mejor parados no son los que tienen más o menos fans, sino los que construyen reglas.
Japón es un ejemplo: prisión o multa bajo la ley de 2019. Francia tipifica la reventa habitual sin autorización y la vuelve perseguible con multas. Reino Unido discute sanciones fuertes para frenar lucro en la reventa y obliga a elevar la transparencia del origen del boleto.
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En territorios más afines a México, Brasil tiene un historial de combate sobre todo en el mundo deportivo, con sanciones penales en ciertos supuestos.
Para espectáculos masivos, el país se ha movido hacia proyectos más específicos contra la reventa abusiva y digital. La Cámara de Diputados aprobó un proyecto que endurece el marco con penas y multas que buscan atacar la reventa como negocio.
España también está en transición. Se ha discutido una reforma para poner tope a la reventa, limitando el sobreprecio a la inflación como parte de un paquete de consumo. Importa subrayarlo: es discusión legislativa.
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México no parte de cero. La Profeco ya interviene por prácticas abusivas, publicidad engañosa e incumplimiento. Pero para el problema de alta demanda, no hay una ley específica anti-bots, no existe una prohibición nacional y operable para la reventa digital con sobreprecio o bajo una identificación.
Intervención preventiva del Estado
La diferencia entre México y los países que han logrado contener está en el momento en que interviene la ley.
En mercados como Japón, Francia, Reino Unido o Corea del Sur, la regulación se diseñó para el peor escenario: ventas masivas, demanda extrema y alto incentivo a la especulación. En esos territorios, la ley entra antes de que el sistema colapse, no después de que el conflicto se vuelva viral.
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En Estados Unidos, el colapso de la preventa de Taylor Swift en 2022 marcó un punto de quiebre en ese aspecto. El problema llegó al Congreso, tribunales y agencias regulatorias, con investigaciones antimonopolio, reglas contra bots y nuevas exigencias de transparencia.
Hasta el momento, en México la intervención sigue siendo reactiva. Tras el caso BTS, la Profeco anunció revisiones y posibles ajustes para reforzar la vigilancia y la información al consumidor, pero sin un marco legal específico que prevenga esos escenarios como ocurre en otros países debido a la alta demanda.
La experiencia internacional muestra que el caos continuará, pero la ley debe pensarse para llegar antes de que la fila virtual.

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