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Hoy, que escribo mi primer columna como invitado en este importante espacio informativo, no quiero iniciar sin antes reconocer al periódico EL UNIVERSAL, El Gran Diario de México, por su apertura a la pluralidad de las ideas y a la libertad de la palabra escrita, gracias por esto, señor Juan Francisco Ealy Ortiz, al igual que a su cuerpo directivo.
Hace mucho que la clase política mexicana perdió la confianza de los ciudadanos, ¿y cómo no hacerlo, si se han perdido todos los códigos éticos que permiten acreditar que lo correcto, siempre se verá como correcto, al igual que sucede con lo incorrecto? Y es que muchos de quienes se dedican a la vida política, pretenden disociar la condición humana de esta importante actividad, algo que es humanamente imposible.
En estos tiempos, pareciera que lo políticamente correcto, va en sentido opuesto a lo que socialmente es correcto, nos hemos acostumbrado incluso, a aplaudir lo que políticamente es correcto, aunque lleve implícita la traición, ingratitud y desvergüenza, porque lo último que importa es la congruencia, al fin y al cabo, el objetivo es alcanzar una meta personal.
Hoy me disculpo ante la militancia de mi partido y ante la sociedad, por el vergonzoso espectáculo que la clase política ofrece, digno de encajar en lo que parece la decadencia de la política mexicana. Mi disculpa trata de salvar un poco la honra de millones de perredistas que han concentrado su esfuerzo en el trabajo territorial, el de cuerpo a cuerpo con los ciudadanos, como dijéramos en mi partido, el trabajo pie-tierra que se realiza por convicción, y que solo obtiene el reconocimiento a través de los logros políticos de su dirigencia.
Esos militantes, cuya motivación se sustenta en la confianza de quien los representa; esos militantes, que son la verdadera fuerza política del país, que los hace confiables por el principio en el que siempre he creído: aquel que confía, es confiable, porque piensa que su contraparte actuará como tú mismo.
Por eso hoy no puedo dejar de expresar la profunda pena ajena que me embarga, ante la actuación de alguien que por más que la destreza jurídica lo lleve a ganar un litigio, no podrá volver a subir al templete de un mitin histórico de izquierda, en el que esté presente la militancia de cualquier partido, sin dejar de recibir el repudio y los descalificativos, producto de un incorrecta conducta social. Porque la militancia es la misma en cualquier partido, sin distingo en el color y en sus siglas.
La militancia que se entrega, esos dirigentes que en el territorio dejan el alma, son a quienes nos merecemos, a quienes debemos reconocer y honrar, son ellos los primeros que debieran ocupar las posiciones políticas más importantes, porque han acreditado con resultados su trabajo a favor de un proyecto ideológico. Esos fieles militantes, que jamás se avergüenzan de portar una camiseta con las siglas de un partido político.
Hoy, de forma modesta y sincera, expreso mi disculpa a la militancia perredista por la vergonzosa actuación de mi ex compañero Miguel Barbosa Huerta, senador de la República por el PRD.
Secretario de Movilidad de la CDMX
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