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Enrique Peña Nieto está queriendo tapar el hoyo del descrédito sacrificando a los más pobres.
Para el Presidente, despedir al secretario de Hacienda, Luis Videgaray, seguramente representó un movimiento con alto grado de dificultad. El error fue tal que no le quedó de otra.
Lo que el escándalo Malinalco-HIGA no logró, lo hizo Trump.
El cambio favorecerá al gobierno en la necesaria “operación cicatriz” que tiene que hacer, en primer lugar con los mexicanos, y en segundo lugar con los vecinos del norte.
Dos años más en Los Pinos en estas condiciones de rechazo, además del probable triunfo de Hillary Clinton como presidenta de Estados Unidos, es un asunto que la actual administración no puede eludir.
Sin embargo, las mismas políticas y complicidades amenazan con seguir presentes.
Al frente de la Secretaría de Hacienda llegó José Antonio Meade, cercano a Luis Videgaray, quien todavía en Desarrollo Social, consideró positivo que el Presidente haya invitado al candidato republicano. “Pasamos de ser vistos como un riesgo a ser vistos como un aliado estratégico”, dijo esta semana en entrevista a EL UNIVERSAL. “Fue una intervención que sirvió al país”, insistió.
En descargo o como acto en busca de la esperanza perdida, hay que reconocer que Meade tiene mayor experiencia en el área que ahora le encomiendan. Y en general, dentro y fuera del gabinete las opiniones sobre él son más positivas que sobre su antecesor.
Pero el problema no es Meade, es Miranda. Lo preocupante está en el otro lado del tablero.
En el movimiento de fichas, EPN dejó a su compadre, Luis Enrique Miranda Nava, al frente de la Secretaría de Desarrollo Social.
La designación de este poderoso personaje como titular de Sedesol demostró que al gobierno peñista le importa un comino la pobreza y la desigualdad en México.
Van tres funcionarios al frente de esta dependencia. Toca el turno a su operador político, al ex secretario de administración y finanzas de Arturo Montiel, negociador (fallido) con ejidatarios de Atenco, señor de los bienes ocultos, dineros, acuerdos y clientelas.
Es quien, pensando en las próximas elecciones en el Edomex y las de 2018, le funciona a la perfección. Peña colocó a Miranda en la secretaría donde el infame lucro con la pobreza se traduce en votos.
Para que todo permanezca entre compadres y amigos.
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