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El mundo del futbol, ese que ve y maneja al deporte como negocio e industria, enfrenta en estos momentos graves acusaciones de corrupción al más alto nivel. La Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA), el organismo que controla ese deporte a nivel global, con más naciones afiliadas que la ONU, es puesta contra la pared por primera vez en sus 111 años de historia.
El miércoles pasado autoridades de Estados Unidos (FBI, Departamento del Tesoro y Departamento de Justicia) emprendieron una operación multinacional contra prominentes dirigentes acusados de los delitos de corrupción, lavado de dinero y crimen organizado en colusión con empresarios deportivos y de promociones; el monto de lo defraudado asciende en principio a más de 150 millones de dólares.
Quedó al descubierto una red de complicidades que se benefició durante más de 25 años de sobornos y malos manejos. De acuerdo con la acusación iniciada por la justicia estadounidense, la FIFA generó un esquema atentatorio de la sana competencia, que distorsionó el mercado de los derechos comerciales de la transmisión de los diferentes torneos alrededor del orbe, en detrimento de otras empresas para competir por tales derechos.
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Millones de dólares habrían ido a parar a los bolsillos de dirigentes de la Conmebol (organismo que tiene las riendas del futbol en Sudamérica) y de la Concacaf, que rige en América del Norte y el Caribe. A pesar de pertenecer a esta última, la reacción de la Femexfut ha sido lacónica: se declara en favor de la transparencia, pero guarda silencio en torno a la detención de los dirigentes. Ignorar los hechos sólo contribuye a generar suspicacias, luego de que como parte de las indagatorias se conoció que la Concacaf realizó acciones con el objetivo específico de evadir impuestos en México.
El escándalo debe servir para limpiar a la FIFA y a los organismos que la integran. Dejar de tratar al deporte como una mera fábrica de hacer dinero y pensar más en los aficionados y los jugadores. En México el ámbito del futbol no ha estado exento de polémica. Desde los tradicionales mercados de piernas, en el cual los directivos hacen y deshacen el futuro de los jugadores, hasta la multipropiedad de equipos, prohibida pero existente en los hechos, así como casos de dueños de equipos acusados de fraude. Hace 11 años fue Carlos Ahumada y más recientemente Amado Yáñez, ex propietario de Gallos Blancos de Querétaro.
Ahora que se conoce que el caso toca a México, se vuelve necesario investigar y transparentar ese caso en especial, si hubo evasión de impuestos y eventuales complicidades a nivel local. Los monopolios son tan dañinos a nivel empresarial como en el deporte. Hay que jugar limpio.
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