Monterrey. —Un paisaje montañoso con un maizal pintado por Dr. Atl fue la obra semilla de lo que ahora se conoce como . Hoy, este cuadro es el que también da inicio a la con la que arrancan las celebraciones del 50 aniversario de este acervo, con piezas que recorren más de 100 años, desde 1920, hasta creaciones de 2026.

Constelaciones y derivas: arte de América Latina desde la Colección FEMSA, que hoy se inaugura en el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey (MARCO), es la exposición más ambiciosa que ha hecho la colección —que organiza también la Bienal FEMSA— no sólo por ser la más numerosa hasta ahora, con 174 obras de 115 artistas, sino también porque busca contar la historia del arte de América Latina, al menos una versión con miras a destacar a los artistas que han estado en los márgenes, asegura el equipo curatorial.

“Coleccionar es contar una historia. Las piezas en su individualidad tienen un sentido y un significado, pero en conjunto se resignifican entre ellas. Pero toda colección es un relato, por ejemplo Bellas Artes cuenta cierta historia del arte en México y la del Tamayo cuenta otra porque tiene a otros artistas. Nosotros, en el proceso de acercarnos a los 50 años, nos preguntamos qué historia del arte estamos contando y cuál queremos contar”, dice Beto Díaz, curador de la colección.

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Hoy abre Constelaciones y derivas: arte de América Latina desde la Colección FEMSA, la exposición más ambiciosa de la colección hasta ahora, pues presenta 174 obras de 115 artistas. Foto: Frida Juárez / EL UNIVERSAL
Hoy abre Constelaciones y derivas: arte de América Latina desde la Colección FEMSA, la exposición más ambiciosa de la colección hasta ahora, pues presenta 174 obras de 115 artistas. Foto: Frida Juárez / EL UNIVERSAL

En el caso de la de FEMSA se cuenta una historia del arte desde América Latina, incluyendo aquellas que se quedaron en los márgenes, afirma el curador.

Un viaje

El maizal, de Dr. Atl, fue una donación de Rosario Garza Sada de Zambrano a su sobrino para el Museo Monterrey, que no tenía colección. Pero no es la más antigua de la colección que ahora tiene más de mil piezas. La de mayor antigüedad es El grande de España (El ángel azul o El caballero), que hizo Diego Rivera en 1914. Esa pintura cubista del mexicano comparte sala con la más nueva, una instalación comisionada al artista argentino Ad Minoliti titulada Club de collage especulativo.

En la brecha que hay entre la obra más antigua y la más nueva hay todo un universo que el equipo curatorial —conformado por Díaz, Eugenia Braniff y Paulina Bravo— ha explorado a través de cinco constelaciones: Territorios, Estructuras coloniales, Debatiendo la abstracción, geometría y forma en América Latina; y Alquimia e Identidades.

En Territorios se aborda desde el espacio físico hasta el corporal, el centro y la periferia, así como el Sur Global. Ahí se exhibe por primera vez una obra de Pía Camil, junto a la escultura Monoblock, de Juan José Gurrola; Mujer dormida, de David Alfaro Siqueiros, y piezas de Ana Mendieta, Néstor Jiménez y Damián Ortega.

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La obra más antigua es El grande de España (El ángel azul o El caballero ) (1914), de Diego Rivera.Foto: Frida Juárez / EL UNIVERSAL
La obra más antigua es El grande de España (El ángel azul o El caballero ) (1914), de Diego Rivera.Foto: Frida Juárez / EL UNIVERSAL

En la constelación sobre lo colonial, el curador de la muestra explica que aborda lo que en su momento se pensaron que eran “las reglas del juego” y se cuestionan con un diálogo entre pinturas de castas en préstamo y la instalación Nint’ani. Volver a casa, del artista purepecha Salvador Xharicata. Ahí también se exhibe por primera vez como parte de la colección, La Conquista, de José Clemente Orozco, y reaparece ante el público Los nuevos catecismos, de Francisco Toledo.

Manuel Felguérez y Gego forman parte del apartado sobre abstracción, mientras que en Alquimia destacan joyas de la colección como Papilla estelar, de Remedios Varo; Los mitos, de Juan O’Gorman y Mientras me despierto, de Julio Galán.

En identidades destacan artistas mujeres como Ana Gallardo y su madre, Carmen Gómez Raba; María Izquierdo, Beatriz González, Geles Cabrera y la primera lectura de representación sexogenérica que se hace de la colección con obras como El beso de Judas, de Remigio Valdés de Hoyos, y Tres futbolistas con boina, de Ángel Zárraga.

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1. El maizal, de Dr. Atl, fue una donación de Rosario Garza Sada de Zambrano. 
2. Los nuevos catecismos, de Francisco Toledo, reaparece ante el público.
Fotos: Frida Juárez / EL UNIVERSAL
1. El maizal, de Dr. Atl, fue una donación de Rosario Garza Sada de Zambrano. 2. Los nuevos catecismos, de Francisco Toledo, reaparece ante el público. Fotos: Frida Juárez / EL UNIVERSAL

La guía

El plantear los núcleos de la exposición como constelaciones permitió a los curadores crear una convivencia flexible entre obras. Pero también, dice Díaz, este ha sido el mapa que han seguido dentro de la colección para investigación y adquisición de obras, que se hace año con año. El hacerlo público, señalan, es un ejercicio de transparencia, pues la adquisición ya no sólo implica comprar, sino también reflexionar cuál es el lugar y los diálogos que la obra puede tener con el resto del acervo.

“Estas son nuestras pautas. Varias adquisiciones recientes como Magali Lara, Ana Gallardo y Ángel Cammen, quienes ya hablan de otras historias, otros temas, otros cuerpos. Hacia allá vamos y esa es la intención que hemos hecho ya en los últimos cuatro años, no sólo adquirir obras de hombres, sino también en los grupos subrepresentados como los pueblos originarios y la representación sexogenérica. No queremos contar LA historia del arte, sino contar otra historia del arte”, concluye Díaz.

Constelaciones y derivas: arte de América Latina desde la Colección FEMSA estará en Monterrey hasta el 9 de agosto. Después emprenderá un viaje dentro de la República Mexicana, siendo el Museo Amparo, en Puebla, su primera parada. Pero llegará más lejos, pues se contempla llevarla a distintos países de América Latina. También se trabaja en la edición de un libro que cuente la historia de la colección, más comisiones de obras, así como un programa público que acompañará la muestra que incluye una residencia gastronómica en el restaurante del museo.

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