(Ciudad de México, 7 diciembre de 1951) ha perseguido la duda, la idea de hacer el bien a través del mal, el deseo y los usos de la certeza que se han convertido en el alma de los totalitarismos y la polarización de las sociedades, pero el escritor también es un indagador de lo cotidiano, de la aparente sencillez del estar de las jacarandas, de la luz de los colibríes y ahora del silencio de los gatos. Más allá de su amplia obra literaria, su labor editorial desde Artes de México, su pasión por la vida y el intenso acontecer nacional e internacional, Ruy Sánchez es un luminoso creador e intelectual cuya obra aspira a recuperar la verdad. “Nos han robado la verdad. No hay otros datos”, afirma en entrevista.

El escritor y editor recibirá hoy, en Mérida, el Premio Excelencia en las Letras “José Emilio Pacheco” 2025, máximo galardón otorgado por la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY), a través de la Feria Internacional de la Lectura Yucatán (FILEY) —que hoy se inaugura a las 11 horas—, y la asociación académica UC-Mexicanistas, “por su narrativa que se adentra en la sensualidad y el pensamiento del norte de África, abriendo un campo para la experimentación que hace de su obra un espacio de diálogo interminable entre otras culturas y escrituras, asimismo, con su ensayística ha impulsado la crítica y el arte”.

Autor de cerca de 30 libros de ensayo, poesía y novela, entre los que destaca su Quinteto de Mogador, Los sueños de la serpiente, Los demonios de la lengua y El expediente de Anna Ajmátova, repasa en esta conversación los fundamentos de su literatura, su crítica a los totalitarismos y habla de algunos de sus maestros: Juan García Ponce, Huberto Batis y Sergio Pitol, que lo llevaron por los caminos de los demonios de la lengua y de la duda.

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¿Hay escritores fundamentales para armar tu estilo?

Cuando uno empieza, no a sentirse viejo, pero a tener conciencia de que tiene muchos años, empiezas a ver una continuidad que uno va persiguiendo a lo largo del tiempo. No es solamente la obra de Juan García Ponce, sino su presencia como enorme lector, cuando nadie podía leer a Musil en México él lo leía y nos prestaba los libros. Juan, al final de su vida tuvo una admiración muy grande por un jesuita que fue condenado como hereje por la inquisición, Miguel de Molinos, cuya herejía fue “el quietismo” que es el acto sexual con la mirada, y que es a través de la mirada, en un acto sexual, se llega a Dios, y Huberto Batis, también educado por jesuitas, tuvo pasión por Miguel de Molinos, una veta que me ofreció también Sergio Pitol en su libro Madre Juana de los Ángeles, que es la historia de un jesuita que va a exorcizar a Madre Juana de los Ángeles en el siglo XVII, en el centro de Francia, y lo quemó la Inquisición. Ahí está un principio que es terrible, que es la idea de que tienes que hacer el mal para lograr el bien. Algo que está inmerso en la política que vivimos hoy, que se justifica hacer el mal para lograr el bien y que la idea de compromiso con un bien superior justifica que mates, mientas, robes, se justifica mentir, se justifica volver acusar a las madres buscadoras en nombre de un proyecto que va justificando todo.

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¿El mal y los demonios?

Hace poco un periodista de Dominicana, Basilio Belliard, me preguntó “¿Dónde habitan los demonios de la lengua?” En mi libro Los demonios de la lengua propongo que los demonios están en la certeza, o sea, mi libro es un elogio de la duda. La certeza se convierte en el alma del totalitarismo, los tiranos, los impositivos, los autoritariosm, dividen a la gente inyectándoles que la certeza es verdadera. El siguiente capítulo es mi libro sobre Gide, que es otro elogio de la duda. Gide dice: “Daría mi vida por lo que está pasando en la Unión Soviética” y lo muelen a palos la intolerancia y las campañas soviéticas. El siguiente episodio es mi libro Con la literatura en el cuerpo, donde examino cómo la gente que escribe y crea una obra sale de la melancolía impuesta por los regímenes opresivos y no siempre lo logra. Y el siguiente momento es Los sueños de la serpiente donde para explorar una duda radical, mi protagonista se queda sin memoria. Entonces, desde Los demonios de la lengua, el principio es no justificar por una causa todo, sino volver a reflexionar, es lo que Hannah Arendt define como antídoto contra la banalidad del mal cuando la gente dice “yo solo obedecía órdenes”, está renunciando a la cualidad humana primordial de reflexionar.

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¿Una obra literaria que explora la duda?

Siento que en realidad estoy haciendo novelas documentales donde el resultado es contado con los instrumentos de la poesía, pero las cosas que hay ahí, yo no las podría haber inventado. Incluso las novelas de Mogador, tuve el cuidado, orientado por muchas mujeres, de no suplantar la voz de las mujeres. La duda está en todo lo que he ido haciendo a lo largo del tiempo; la duda y la curiosidad apasionada por comprender algo que está más allá de lo que realmente entiendo.

¿Has logrado un equilibrio entre creación y pensamiento?

Más que equilibrio, he logrado avanzar en el desequilibrio. Nadie puede ignorar lo que es indignante, ¿cómo puedes ignorar que Putin y Trump están queriendo humillar a Ucrania e ignorar que hay 35 mil niños secuestrados en Ucrania?, niños de los cuales una fundación americana había hecho expedientes, fichas biográficas y de identificación que Trump acaba de borrar, y quita el presupuesto para los niños con cáncer en Estados Unidos, como lo vivimos en México, y también destruye las instituciones.

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¿Entiendes más la naturaleza humana desde lo que escribes y lo que editas?

Quiero valorar lo que no está siendo valorado y que la oscuridad nos distrae. Es importante tener una atención sostenida sobre lo que nos rodea, sobre la naturaleza, la creatividad que hay en el país, a eso nos dedicamos en Artes de México, a encontrar los puntos de confluencia, no lo que nos separa. Hay algo muy importante en toda esta labor de Artes de México y en la de la creación literaria, que es recuperar la verdad, nos han robado la verdad. No hay otros datos, la evidencia está.

¿Qué tan difícil es crear en este México tan violento?

Vivimos en un mundo que tiende a la oscuridad. No es solo México, la inversión rusa en propaganda en México y en el mundo es enorme. Han inventado y han torcido campañas electorales, pero que se roben la verdad con el pretexto de que hay otros datos y que nosotros lo admitamos es claudicar de la verdad. No podemos claudicar de la belleza, que se roben la palabra pueblo. ¿Qué han hecho de la palabra pueblo?, la han vuelto basura, y eso de alguna manera hay que recuperarlo, hay que darle otro sentido a las palabras. No me dedico al análisis político. Soy uno entre tantos que ven lo que pasa, a todos nos pasa algo que Mandelshtam describió, él que era partidario de la Revolución Soviética en cuanto empezó a ver que había matanzas, injusticias, dijo lo que pensaba y se dio cuenta que su voz no pesaba igual que antes, porque hubo un desprestigio de los que hablaran en contra del poder, y eso lo llamó el efecto Casandra. ¿En qué época hubieras pensado que la gente se crea el cuento del Cartel Jalisco Nueva Generación defendiendo al gobierno o diciendo que ellos tienen códigos de comportamiento? O sea, si está hecho por Epigmenio Ibarra es terrible, pero si son ellos, es peor todavía, porque habla de la alianza de propósitos con un gobierno. Hay que recuperar también una época en que haya políticas de Estado. No condenar todo lo que haga el gobierno, proyectos como el de Original es importante, pero que no haya desatención a la infraestructura cultural de museos, que no haya desatención a personas que trabajan en la cultura. Todo eso es muy importante y ha dejado de serlo.

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Acabas de publicar El silencio del gato con Era, ¿la apuesta es mirar la naturaleza?

Tengo un corpus de poemas en los cuales hay una atención a los otros y a lo otro. Uno de los libros es sobre la experiencia de despertar con quien amas, La luz del colibrí, otro es sobre las jacarandas, mi hipótesis es que, si cuidamos mejor nuestras jacarandas, seremos mejores ciudadanos. Eso es un reclamo político. Y el que sale ahora sobre el gato también es un libro sobre la atención sostenida a esa naturaleza de la que somos parte, pensar de manera separada a la naturaleza es lo que justifica que hagan horrores como la destrucción de la selva con el Tren Maya, la idea de progreso, eso es tan retrógrado y tan capitalista.

¿Sigue la literatura y poesía?

Tengo varios libros más, hay libros de viajes y libros de poesía de viajes. Y hay uno que tengo también en puerta, que es sobre Khajuraho, un sitio arqueológico en la India en el que hay veintitantos templos dedicados al Kama Sutra. Ya podría publicarlo, pero me tardo mucho porque aunque tengo conciencia de la edad y sus peligros, no tengo la sensación de prisa todavía. Tengo la continuación de la novela de Anna Ajmátova donde cuento la parte del terror. Yo ya lo había escrito, pero lo quité para que en la primera parte se viera la búsqueda de su voz poética. Eso para mí es la protagonista de todas mis búsquedas. La voz poética alimenta el alma y da fuerza para tolerar lo que vivimos.

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