Los medios públicos como Canal 22, Canal Once, Capital 21 y el Canal Catorce han perdido su carácter plural, de apertura a la diversidad de voces y de garantizar una representación ciudadana equitativa, así lo señalan expertos consultados por , quienes también aseguran que los nuevos lineamientos generales para la protección de los , impulsados por el gobierno federal y dirigidos a concesionarios privados, no se están cumpliendo cabalmente en estos medios de comunicación públicos.

Dichos lineamientos establecen la presencia de defensores de audiencias en los medios privados, pluralidad de contenidos, así como códigos de ética y posibles sanciones, puntos que ya están establecidos en los medios públicos, sin embargo, explica el exdirector de Canal 22 y , Ernesto Velázquez, actualmente el Sistema Público de Radiodifusión (SPR) no otorga derechos de réplica a, por ejemplo, las transmisiones de la conferencia matutina u otros contenidos transmitidos en medios públicos.

El noticiario cultural de Canal 22 ha perdido la relevancia que tenía,
asegura Ernesto Velázquez
El noticiario cultural de Canal 22 ha perdido la relevancia que tenía, asegura Ernesto Velázquez

“Las normativas deben ser justamente revisadas para que realmente garanticen pluralidad, porque ahora emiten ciertas disposiciones que son casi imposibles de acatar en los medios públicos, no se llevan a la práctica, por la naturaleza misma de la conferencia matutina, por decir un ejemplo conciso. Otro ejemplo es que no se puede juzgar con la misma naturaleza un trabajo periodístico de investigación que un comentario u opinión de un programa en vivo, las normativas tienen graves omisiones que ya han sido señaladas por abogados y expertos, y la loable idea de contar con códigos de ética y defensores de audiencia se podría desvirtuar”, explica Velázquez.

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Para Jorge Bravo, exdirector de la Asociación Mexicana del Derecho a la Información (Amedi), estas normativas están orientadas directamente a los medios privados, pero su aplicación en los medios públicos es posible, ya que estas emisoras “no distinguen la opinión de los hechos” ni dan pie a la diversidad de ideologías.

“Hay muchas razones para quejarnos del desempeño de los medios públicos, diría que la única ventaja que tienen ahorita los lineamientos es que se los puedes aplicar a los medios públicos, un poco para defender precisamente lo que han perdido, porque vemos un uso faccioso, político, de descalificación a los adversarios del gobierno, cualquiera que este sea, los medios públicos lo están haciendo, descalificando, con bastante descaro”, explica Bravo.

Bravo asevera que más que un uso de estos medios, el gobierno los tiene en desuso, ya que no se generan contenidos de calidad y en años más recientes ya no realizan investigaciones periodísticas.

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“Ni siquiera hay un interés por los medios públicos, ya ni hablar de las partidas presupuestarias, que son casi las mismas año con año, pero pega el asunto de la inflación, eso no les ha permitido generar contenidos de calidad ni investigación periodística, y es que los medios públicos deberían estar investigando a su gobierno, pero no lo van a hacer de ninguna manera, hay un antecedente, porque la presidenta , cuando fue jefa de Gobierno de la CDMX, subordinó totalmente al gobierno capitalino al sistema público de radiodifusión de la capital”, explica.

Emanuel Neubauer, docente de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM y especialista en el marco jurídico de las telecomunicaciones, coincide con Bravo en la falta de recursos para realizar producciones de calidad y en que algunas siguen la línea política del gobierno en turno.

La toma del Once, explican los especialistas, muestra la irrelevancia en la que han caído los medios públicos, pues el tema no tuvo mucha cobertura.
La toma del Once, explican los especialistas, muestra la irrelevancia en la que han caído los medios públicos, pues el tema no tuvo mucha cobertura.

“La cuestión son sus programaciones en torno a opinión política, los informativos, que ahí sí parecen seguir una lógica de medios que no terminan de fortalecer su visión de independencia política, se ve claramente que se intenta fortalecer una línea más afín al gobierno”, explica el catedrático.

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Sin embargo, destaca el programa de debate Masiosare, que se transmite en el y Canal 22, donde, por momentos, hay mayor diversidad de opiniones y confrontación de ideas.

“Quizás hay un poco más de debate, pueden haber invitados, periodistas que generen un poquito más de controversia y eso me parece algo muy positivo, porque es lo que lo que tiene que haber en un medio público”, apunta.

Señala también que las normativas que se están impulsando para los medios privados deben aplicarse también a los medios públicos. “Los derechos de audiencia son derechos para todos los medios, comerciales, públicos, sociales, comunitarios, se tienen que aplicar para todos”.

Acerca de la programación habitual de estos medios, Ernesto Velázquez señala que la mayoría de los programas son mesas redondas donde se replica la información oficial. “Me parece que ha habido una disminución muy marcada de la calidad de la producción de estos medios, que ahora son, insisto, en su mayoría medios oficiales, y solamente vemos programas de mesas redondas que divulgan una parte de las noticias de calidad oficial”, explica.

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En el olvido

Jorge Bravo analiza dos casos recientes que involucraron a los medios públicos: la toma del Canal Once por parte de estudiantes y los dichos homofóbicos de Paco Ignacio Taibo II, director del Fondo de Cultura Económica, en algunos medios públicos, derivado de la acusación de Víctor Santana, subgerente de la Editorial Tierra Adentro, de homofobia en un espacio de trabajo. De ambos casos, señala el también docente, se puede ver el uso personalizado de los medios públicos y la cada vez mayor disminución de las audiencias.

“Tienes ahí un ejemplo muy claro,usó a los medios públicos, con programas, con su rostro, con protagonismo, cuando él debería dedicarse a la promoción de la lectura, a vender libros, y, digo, no es la primera vez que aparece diciendo leperadas, pero me parece que este uso para ofender a otra persona fue muy elevado, la propia presidenta Sheinbaum lo ha defendido de otras mujeres, entonces cuando dice que ‘llegan todas’, pues no, no llegan las que ofende Taibo, entonces ahí ves un uso personalista del FCEy luego de los medios públicos para descalificar a otras personas”, apunta.

Critican a Paco Ignacio Taibo II, quien “usó a los medios públicos, con
programas, con su rostro... cuando él debería dedicarse a la promoción de la lectura... no es la primera vez que aparece diciendo leperadas”.
Critican a Paco Ignacio Taibo II, quien “usó a los medios públicos, con programas, con su rostro... cuando él debería dedicarse a la promoción de la lectura... no es la primera vez que aparece diciendo leperadas”.

Para Bravo, este caso ilustra que, en los medios públicos, el defensor de audiencias es una figura puesta a modo por los directivos de los canales. “Normalmente deciden nombrar a una persona que no será crítica, son defensores del lado del medio, del lado del gobierno, no deberían esperar a una queja para actuar, si ven que se violan los derechos de las audiencias, podrían actuar, pero no pasa así”.

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La toma del Once, explica Bravo, muestra la irrelevancia en la que han caído los medios públicos. “Claramente han sido dejados al abandono, nadie se preocupó realmente por si se destruyó el patrimonio audiovisual del canal, ya no nos están preocupando estos medios como en otros años, nos están dejando de importar y eso es peor que criticarlos”.

Velázquez advierte la caída en picada de las audiencias. Dice que hoy se ha perdido gran parte del público fiel que tenían el Canal 22 o el Once. “Esa audiencia fiel se ha ido de forma estrepitosa, los noticiarios que garantizaban la pluralidad de ideas ya no están, Canal 22 tenía el único noticiero dedicado a la información cultural y se perdió también, estamos en una época en la que los medios públicos han perdido la relevancia que tuvieron”.

Y coincide también en que esta crisis de los medios públicos se debe en parte a los bajos presupuestos, pues sin dinero no hay forma de hacer nuevos programas o de traer producciones que atraigan a las nuevas audiencias.

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