“Lo que necesito ahora es comunicarme con una audiencia que no sabe que existo. Entonces, ¿cómo puedo atraerlos hacia nosotros?”, afirma el cantante David Lomelí, quien desde 2021 fue consultor artístico de la Ópera de Dallas y a partir del 1 de julio será su nuevo director general.

Para Lomelí, en cuya trayectoria destaca haber trabajado con la Ópera de Santa Fe y la Ópera Estatal de Baviera en Múnich, uno de los retos principales en este nuevo capítulo profesional se relaciona con la forma pública en la que ha elegido llevar su carrera, “un poco más en redes sociales de lo que normalmente una persona de ópera lo lleva”. Subraya su entusiasmo por las tecnologías de fondeo y producción, un desafío que le gustaría ver en la industria de la ópera que, en muchos casos, puede reaccionar con más lentitud ante éstas: “Yo creo que ese es el principal reto, convencerlos un poco de esta metodología”.

El destino de ciertos restaurantes que ganan reconocimientos, reciben la visita de blogueros e influencers y tienen una audiencia alrededor es un tipo de viralidad que menciona Lomelí y que los devotos de la ópera, los operópatas, no poseen: “Ese tipo de viralismo y esa mentalidad de acrecentar en la viralidad y la visualidad de nuestro arte. En el caso de Dallas, tengo que encontrar patrocinadores muy rápido porque quisiera tener un laboratorio de creación de contenido específico para redes sociales”. Otra de sus preocupaciones, en esta línea, es alcanzar una base real que permita estar “consistentemente en comunicación de poner algo del producto que es creado específicamente para ese formato”. No se trata de invadir la escena, sino de crear material muy específico, afirma: “La ciencia del viralismo está muy disponible. Yo quiero utilizar todas nuestras posibilidades, nuestro potencial mental y económico, pero con mucha estrategia de marketing”.

El hecho de que Lomelí iniciara su carrera como cantante y diera un salto hacia cargos más ejecutivos influirá en la Ópera de Dallas: “Yo creo que influye muchísimo en el sentido de que yo entiendo las necesidades del cantante y de todo el aparato que va detrás, delante y en medio. La trayectoria mixta de tener por tantos años el cerebro de cantante, un poco como caballito de carreras”.

El sonido de la Ópera de Dallas no cambiará, adelanta Lomelí: “En esa parte, la audiencia de Dallas ya se acostumbró a que cantemos bien y tengamos voces grandes que puedan permitir al director de orquesta dirigir de una manera más potente, y al coro, también, soltarse. En esa parte no nos vamos a sacrificar, pero sí vamos a invertir un poco más hacia el teatro: la parte del teatro de nosotros, lo que es el hardware de la producción”. Para lograrlo, influirá la negociación, el entendimiento que tiene de la visión de la Ópera de Dallas desde su trabajo previo con la compañía.

Parte de la renovación que señala también involucra no casarse con la idea de presentarse sólo en la casa de ópera, sino en “todas partes”. Detalla: las cifras de recaudación por año son de 20 millones de dólares que implican 18 noches con lleno total (equivale a poco más de un millón por noche). “Prefiero tener más noches. Hay maneras en las que esto se pueden hacer de forma creativa. Y tengo muchas ganas de hacer cosas más experimentales”.

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