Mi relación con la UNAM ha sido una de las experiencias más significativas de mi vida personal, profesional y académica. La Universidad no sólo me ha permitido crecer dentro de las aulas, los hospitales y los espacios de investigación; también me ha dado la oportunidad de acompañar a generaciones de estudiantes y médicos en formación que han encontrado en el conocimiento una forma de servir mejor a México.

A lo largo de más de quince años de trayectoria docente en Angiología y Cirugía Vascular he confirmado que la educación universitaria cambia destinos. Cada estudiante que logra permanecer en la Universidad, cada joven que accede a una beca, cada residente que puede dedicar tiempo completo a su formación y cada investigador que encuentra respaldo para desarrollar una idea representa mucho más que un logro individual: representa una inversión directa en el futuro del país.

Por eso, la labor de Fundación UNAM tiene un valor estratégico y profundamente humano. Su trabajo no se limita al otorgamiento de becas, aunque éstas sean fundamentales para la permanencia estudiantil. Su alcance también se expresa en el apoyo a la investigación, el fortalecimiento de laboratorios, la habilitación de espacios académicos, la promoción cultural, la capacitación y la vinculación social. En cada una de estas áreas, la Fundación amplía la capacidad de la Universidad para cumplir con su misión pública.

He visto de cerca el impacto que puede tener este respaldo. Para muchos estudiantes, una beca representa la diferencia entre continuar o abandonar sus estudios. Para un grupo académico, contar con equipo adecuado puede significar transformar una pregunta científica en un proyecto con trascendencia real. Para la comunidad universitaria, disponer de espacios dignos y recursos suficientes permite desarrollar al máximo el talento que ya existe, pero que necesita condiciones para florecer.

En el ámbito de la salud, esta misión adquiere una relevancia particular. La investigación clínica, la formación de especialistas y la generación de conocimiento médico no son ejercicios aislados: son herramientas concretas para mejorar diagnósticos, perfeccionar tratamientos y responder con mayor oportunidad a las necesidades de las personas. Cuando la Máxima Casa de Estudios impulsa la ciencia médica, también fortalece la esperanza de miles de pacientes y familias que dependen de profesionales bien capacitados y de evidencia rigurosa.

La Universidad posee una virtud excepcional: formar profesionales con rigor académico y, al mismo tiempo, con un profundo sentido social. Sus estudiantes aprenden a cuestionar, investigar, proponer y comprometerse con los grandes problemas nacionales. Fundación UNAM potencia esa virtud al construir puentes entre la generosidad de la sociedad y las necesidades reales de la comunidad universitaria.

A treinta y tres años de su creación, Fundación UNAM demuestra que apoyar a la Universidad es apostar por el talento, la equidad, la investigación y la capacidad transformadora del conocimiento. Cada contribución, por modesta que parezca, se

multiplica en oportunidades para quienes más lo necesitan. Fortalecerla es fortalecer a México.

Enhorabuena y larga vida para Fundación UNAM.

Titular de la Comisión Coordinadora de Institutos Nacionales de Salud y Hospitales de Alta Especialidad (CCINSHAE)

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