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El lugar tan protagónico que el artista Francisco de Goya (España, 1746-Francia, 1828) dio a su obra gráfica se explica porque ésta surgió del deseo de expresar sus ideas al margen del encargo y de lo que era habitual en las estampas que había hasta entonces: “Era una obra dirigida a un nuevo público, una aristocracia moderna, una nueva burguesía que iba surgiendo y que estaba dispuesta a aceptar aspectos críticos y novedosos”.
Con estas palabras, Ana Reuter y José Manuel Matilla, investigadores de la obra de Francisco de Goya, se refieren a la importancia de la gráfica para el artista español, a propósito de la edición Goya. La obra gráfica completa (Taschen 2025), de la cual son autores.
Esta es una colección con 287 aguafuertes y litografías, todos sus grabados; además, incluye raras pruebas de estado reveladoras de un excepcional trabajo, experimentación y meticuloso control del proceso del grabado. Es una edición en tapa dura, en estuche, de 600 páginas, en alemán, francés, inglés y español.

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Anna Reuter es doctora en Historia del Arte por la Philipps-Universität Marburg e investigadora independiente; José Manuel Matilla es jefe de Conservación de Dibujos y Estampas del Museo del Prado, e investigador del grabado en la España del siglo XVII.
El libro es singular por su calidad y exhaustividad, y porque reproduce exclusivamente aquellos ejemplares que Goya realizó en vida y que tienen unas grandes implicaciones estéticas. Por ejemplo, él creó y publicó por sí mismo las series Los caprichos y Tauromaquia; en cambio, Desastres de la guerra y Disparates fueron editados entre 1863 y 1864 por la Academia, y son obras con diferencias sustanciales en cuanto a la apariencia y las cualidades estéticas.
Así lo explican los investigadores en entrevista por correo electrónico desde España, y abundan: “Las estampas que reproducimos son exclusivamente contemporáneas y solo en puntuales ocasiones, en las que no se conocen obras editadas por Goya, reproducimos estos ejemplares más modernos”.
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La edición contiene una serie de textos introductorios sobre cada grupo de obra, así como brevísimos comentarios junto a cada pieza, que permiten comprender el sentido formal y conceptual.
Francisco de Goya y Lucientes, comparten los investigadores, ejemplifica una modernidad entendida como el deseo de la propia expresión de las ideas de un artista. Por ello, el pintor y grabador español, “es un referente obligado para un artista contemporáneo que quiere expresar su visión del mundo”.
Goya, por otra parte, es un creador cuyas ideas conectan con otras épocas de la historia de la humanidad, más allá del momento en que fueron creadas. “Aunque trabajó a finales del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX, la visión que tuvo del hombre y de la humanidad, en esencia está vigente. Hemos cambiado en aspectos formales, vestimos y nos relacionamos de otras maneras, pero nuestros sentimientos, vicios, virtudes, defectos y son los mismos”.

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Acerca del contexto en que Goya realizó su obra, los investigadores cuentan que comenzó realizando pequeñas estampas religiosas, y que luego grabó copias de Diego Velázquez que eran, más que reproducciones, interpretaciones: “Goya va a poner en valor la importancia de la obra de Velázquez en la historia de la pintura española y universal”.
En adelante, el artista fue creando algunas de sus más grandes series. En primer lugar, Los caprichos, que los autores del catálogo definen como reflejo de la preocupación de entonces por la reforma social y que son una crítica a los vicios ocultos del ser humano. “Goya va a estar en perfecta sintonía con el pensamiento de los Ilustrados, de los renovadores de la sociedad española y va a hacer, por tanto, una serie de enorme carga crítica”.
Pero es su serie Desastres de la guerra la que dialoga más con el momento que vivía España. Este grupo de obra surgió en el contexto de la Guerra de Independencia española contra los franceses.

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Los investigadores describen que “lejos de ser una crónica de guerra y de convertir a Goya en un reportero de guerra, lo que hizo fue mostrar el sufrimiento que la guerra provoca en el ser humano porque en una guerra no hay vencedores ni vencidos, solamente hay víctimas. Goya no toma partido ni por unos ni por otros, sino que lo que va a mostrar son las consecuencias tremendamente destructivas de la guerra. Esas obras han afectado a la sociedad posterior, que ha visto en ellas un ejemplo de lo que está presente en todas las guerras”.
De los caprichos a los disparates
Los investigadores explican que la serie de Caprichos surgió paralela a un pensamiento ilustrado que trataba de reformar la sociedad, como una crítica a los vicios del comportamiento humano, sobre todo los centrados en lo irracional.
“La falta de razón en el ser humano motiva situaciones ridículas o absurdas, como a primera vista podrían parecer las estampas de los Caprichos, pero hay estampas también que tienen que ver con la injusticia, los abusos del poder, la religión. La segunda parte de la serie se centra en escenas protagonizadas por brujas, y no son tanto una representación imaginaria, sino una representación de a dónde puede conducir la irracionalidad del ser humano que cree en lo que no existe”, dice José Manuel Matilla.
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Los Disparates, una serie que no concluyó el artista, corresponde a sus últimos años en España: “No dejan de ser una visión enormemente pesimista de la sociedad española en unos años en los que el absolutismo del rey Fernando VII afectaba las libertades del ser humano”.
—¿Qué clase de estudios ha habido en los últimos años que enriquecen la interpretación de sus obras?
—Fundamentalmente se han buscado las fuentes en las que Goya pudo inspirarse y tomar ideas, como literarias, filosóficas y de pensamiento político. Se ha procurado no presentar a un Goya como un hombre aislado, que solo a partir de su imaginación generó obra, sino una persona preocupada por la producción intelectual de su momento, la lectura de la prensa, la literatura, el teatro.
También (los estudios recientes están) relacionados con el contexto político, cómo vivió, los cambios que se fueron produciendo, y cómo su situación económica le impulsaba a realizar proyectos como el de Tauromaquia, después de la Guerra de Independencia, cuando los encargos oficiales habían decaído enormemente. Pero no por ello dejó de expresar su propia visión de la tauromaquia como una forma más de la violencia implícitamente ligada al ser humano.

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Detallan que además de sus pinturas, muchas por encargo y realizadas para la monarquía o la alta aristocracia, Francisco de Goya realizó obra personal, grabado y dibujos; eran cuadernos privados de dibujos en los que, como en el grabado, expresaba sus más personales ideas.
—¿Cómo era el trabajo cotidiano de Goya? Es decir, ¿cuáles eran los espacios, talleres, personas con quienes trabajaba?
—Conocemos muy poco de estos aspectos. Sabemos que tenía un taller, ayudantes, pero muy poco más. El grabado fue un ámbito estrictamente personal y privado; un medio que realizaba en la soledad de su taller. Ni siquiera tenemos constancia de si tenía un tórculo pequeño en su casa, aunque (lo requería) para hacer las pruebas de estado.
Además de reunir las series, esta edición de Taschen contiene algunas estampas sueltas, obras que también tienen un contenido crítico, como es el caso del Agarrotado, donde Goya mostraba el sufrimiento de un hombre condenado a la pena de muerte por garrote; prisioneros; el Coloso; mujeres bailando o mujeres mayores. Todo ello “siempre dentro de una extraordinaria coherencia, en la que no se va a apartar del gran argumento de su obra, que es la crítica de la condición humana y sus costumbres”, concluyen los investigadores.
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