Han pasado más de cuatro décadas desde que inicié mi camino en la Universidad Nacional Autónoma de México, primero como estudiante de la licenciatura de arquitectura y después como académica. ¿Por qué elegí ser investigadora? Desde muy joven tuve una fuerte inclinación por el arte: me gustaba pintar, disfrutaba ir a los museos, pero sentía una especial afinidad por la arquitectura, por lo que decidí estudiar esa carrera. Casi desde el inicio supe que quería dedicarme a la teoría y a la historia de la arquitectura. Tuve la fortuna de tener excelentes maestros que, con sus enseñanzas, me motivaron a seguir ese camino.

Ser investigadora es un compromiso de vida. Por ello, al concluir la licenciatura, comencé a intentarlo: a tocar puertas y acercarme a académicos entrañables, mujeres y hombres que me escucharon, me apoyaron y me dieron la oportunidad de comenzar. Así fue como, en 1985, concursé para ingresar como técnico académico en el archivo fotográfico del Instituto de Investigaciones Estéticas, un espacio inmejorable para aprender historia del arte. Al mismo tiempo, y pocos meses después de mi ingreso al IIE, inicié la maestría en Historia del Arte y posteriormente el doctorado en Arquitectura, ambos en la UNAM.

Después de 14 años tuve la oportunidad —gracias a la invitación de un querido maestro— de concursar por una plaza de investigación en la Facultad de

Arquitectura. El trayecto no fue sencillo. Como ocurre en la vida académica, implicó constancia, preparación permanente y también momentos de incertidumbre. Concursos, evaluaciones y exigencias institucionales forman parte de una trayectoria que no se construye de manera lineal.

Desde entonces, me he dedicado a investigar la historia de la arquitectura mexicana del siglo XX: la trayectoria y las obras de arquitectos y arquitectas, las construcciones valiosas que han quedado en el anonimato, así como los conjuntos urbanos, entre otros temas. Más allá del valor estético de las obras, me ha interesado indagar sobre sus circunstancias: ¿por qué se hicieron?, ¿quiénes fueron los clientes?, ¿cómo se habitaban los espacios?, ¿cómo eran las costumbres de la sociedad? Estas son preguntas que trato de hacerme invariablemente, entre otros hilos conductores.

De manera paralela fundé y consolidé durante 20 años el Archivo de Arquitectos Mexicanos —hoy Acervo de Arquitectura Mexicana— de la Facultad de Arquitectura, como un espacio dedicado a la preservación y al estudio de nuestro patrimonio documental; actualmente es considerado el principal archivo del país en su género.

La docencia ha sido también una parte esencial de mi recorrido. Enseñar historia de la arquitectura implica no solo transmitir conocimientos, sino formar miradas críticas, sensibilizar sobre el entorno construido y generar conciencia sobre el valor del patrimonio. El contacto con los estudiantes ha sido, sin duda, una de las experiencias más enriquecedoras de mi vida académica.

A lo largo de este tiempo, la Universidad ha sido el espacio donde he aprendido a pensar críticamente y donde he construido una trayectoria que articula la investigación, la docencia y la difusión del conocimiento. También me ha brindado amistades entrañables y vivencias inolvidables. Mi historia con la UNAM es, sin duda, una historia de vida.

Desde septiembre de 2025 tengo el honor de formar parte de la Junta de Gobierno de la UNAM. Ha sido una experiencia profundamente formativa, que me ha permitido comprender a la Universidad desde una dimensión más amplia. El cambio de escala ha implicado nuevos desafíos y aprendizajes: hoy mi trabajo se extiende a toda la comunidad universitaria.

Hace muchos años me invitaron a formar parte de los donadores permanentes de la Fundación UNAM. No lo dudé: era una manera de devolver, aunque fuera simbólicamente, algo de lo mucho que la Universidad me había dado y de apoyar a otros estudiantes en su propósito de vida.

La Fundación ha contribuido a sostener múltiples aspectos de la vida universitaria, porque no solo apoya a los estudiantes, sino que también impulsa proyectos académicos y promueve actividades culturales. Su labor se inserta de manera discreta, pero efectiva, en el funcionamiento cotidiano de la UNAM, ampliando sus posibilidades de acción.

Investigadora de la Facultad de Arquitectura y miembro de la Junta de Gobierno, UNAM

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