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Cuando Eduardo Costantini levantó el teléfono desde su casa en Buenos Aires para subir su apuesta a un precio jamás pagado por un artista latinoamericano, en noviembre pasado, comenzó el largo viaje de un cuadro que todavía tiene meses por delante para estar en sus manos. El empresario y filántropo salió en diarios de todo el mundo con la noticia de su récord por un Frida Kahlo, pero todavía no vio ni una vez a Diego y yo, pintura por la pagó 34.8 millones de dólares a Sotheby’s de Nueva York. Mover una obra tan valiosa no es algo sencillo.
¿Dónde está ahora Diego y yo? “¡Perdida! Nunca vi la obra —dice el fundador del Malba (Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires). Tenemos una intriga enorme. La conozco de memoria, pero no personalmente. Me ha pasado de comprar obras y no encontrarme con ellas por meses. Cuando al fin las veo, me produce una fuerte emoción. Este será un caso especial”.
La obra llegará al Malba en septiembre, cuando se inaugure la nueva exposición permanente de su colección. “También llegarán documentos que compré de Frida, cartas y fotos, y una prenda. Hay obras muy importantes”.
Mientras, la nueva joya del museo está en un almacén de arte en Miami, en un depósito exclusivo para Costantini adentro de otro gran depósito, con doble sistema de seguridad. Hay compañías que se dedican a esto y se promocionan como “panic room para su Picasso”. Podría pensarse también como un spa para lienzos y esculturas: un espacio con condiciones de temperatura y humedad estables, monitoreado las 24 horas, sin visitas ni flashes.
“Cuando compras la obra, a la casa de subasta le tienes que indicar un destino y planear el correo que la va a acompañar y tienes que estudiar muy bien los sistemas de seguridad de donde estará. Va en una especie de camión de caudales y en el aeropuerto debe ir acompañada por los distintos pasos”. Hacia Miami viajará en los próximos meses para conocer su nueva adquisición.
Estas obras viajan con expertos de las instituciones a las que pertenecen, que las acompañan en el avión y no las pierden de vista en el largo proceso.
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