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Das Wesen der Technik ist nichts Technisches
M. Heidegger
A poco más de un año de ascender a la Cátedra de San Pedro, Robert Prevost Martínez, mejor conocido como León XIV, publicó su primer documento magisterial con nivel de encíclica: Magnifica humanitas, sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial. Ello ocurre a 135 años de que el anterior Papa de nombre León firmó la encíclica Rerum novarum, que marcó la respuesta de la Iglesia a la Revolución Industrial además de constituir punto definitorio en la conformación de la Doctrina Social de la Iglesia. Tal texto dio fuerte impulso a la noción de sindicatos y cooperativas, y a conceptos como “subsidiariedad” y “bien común” que cobraron fuerte influencia en partidos políticos de todo el mundo (incluyendo en el PAN en México). El que la primera encíclica de León XIV haya sido publicada en mayo ─el mismo mes que la Rerum novarum─ no fue casualidad: desde que el Papa actual eligió su nombre hay una clara intención de marcar continuidad con el anterior León.
En general, la nueva encíclica ha sido bien recibida tanto en ambientes seculares como dentro de la Iglesia. Hasta ahora el debate sobre la Inteligencia Artificial (IA) ha sido embrionario, incipiente y desorganizado. Para su amplia difusión y buena acogida ha ayudado que el texto contiene lenguaje y conceptos afines a las nuevas tecnologías y que el tema de la IA es visto con cautela tanto por creyentes como no creyentes, incluyendo políticos y hasta grandes empresarios tecnológicos como Christopher Olah, cofundador de Anthropic (empresa detrás de la IA Claude), quien participó en la presentación del texto en el Vaticano. Aun cuando no es algo inusual en documentos papales, llamó la atención que Magnifica humanitas cite a grandes filósofos como Platón y Hannah Arendt. Al primero recurre para advertir que la IA puede conllevar placidez frente a lo inmediato en detrimento del diálogo y el planteamiento de preguntas difíciles requerido para conocer las cosas más profundas. A la teórica política alemana acude para referir el peligro de que un pragmatismo exacerbado y el consecuente desvanecimiento de la distinción entre verdad y mentira desemboque en totalitarismo.
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Dicho esto, en Magnificas humanitas no escasean referencias al Evangelio y al corpus magisterial de la Iglesia. Un punto destacable es que esta encíclica no ha generado controversia a su interior como ocurrió con los documentos publicados durante el reinado del anterior Papa Francisco, los cuales escandalizaron a sectores católicos tradicionalistas que percibieron en ellos un débil anclaje teológico y doctrinal. Un ejemplo de ello fueron las reacciones conservadoras ante la encíclica Laudato si, criticada por lo que consideraban como un tono panteísta subordinado a agendas globales y alejado del antropocentrismo cristiano, así como ante Fratelli tutti porque parecería aprobar la idea de que todas las religiones son caminos igualmente válidos hacia Dios.
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Otro ángulo notable de la encíclica son los planteamientos que hace en lo referente a conceptos políticos. En contraste con el idealismo que históricamente ha permeado a los documentos de la Santa Sede, este texto reivindica el realismo político. Específicamente, apela a mantener un punto medio entre el idealismo y “un realismo degradado que confunde la constatación con la resignación”. En efecto, sostiene que “el realismo auténtico no renuncia a cambiar el mundo: comienza por ver con claridad los intereses, los miedos, las limitaciones y las relaciones de poder, para precisamente calcular qué es posible calcular y con qué pasos. No reduce la política a la moralidad, pero tampoco la entrega a la violencia”.
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Hay además afirmaciones contundentes sobre temas de política social que han cobrado relieve, especialmente ante el avance del fenómeno populista. En particular, el texto contiene una fuerte crítica al asistencialismo. Sostiene que “cuando la solidaridad no está sostenida por la subsidiariedad degenera en asistencialismo que no promueve la responsabilidad”. Al respecto, subraya que “las ayudas económicas a los pobres siguen siendo a veces necesarias en situaciones de emergencia pero no pueden convertirse en la única respuesta ya que el objetivo es ofrecer a cada persona las condiciones para vivir dignamente a través de su propio trabajo”.
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En cuanto al enfoque central de la encíclica, la IA y los peligros de la “Cuarta Revolución Industrial”, contiene intuiciones innovadoras que hasta ahora no se habían sistematizado en un documento de alcance global. En efecto, León XIV hace explícita su visión sobre lo que podría llamarse como la dictadura del algoritmo, susceptible de ser piloteada por unos cuantos intereses empresariales. En su opinión, ello tiene el potencial de limitar no sólo los beneficios de la IA para la sociedad sino también vulnerar la privacidad y libertad de los individuos al bloquear la libre circulación de ideas, incluyendo las religiosas. Anticipa el peligro de que los sistemas de IA “reflejen y refuercen estereotipos o posiciones ideológicas de quienes los han diseñado y programado”.
En este sentido, sostiene como hipótesis central que no se debe de considerar a la IA como neutral y objetiva, lo cual hace imperativa su regulación. Con respecto al mercado laboral, advierte la posibilidad de que aumente el desempleo porque “la innovación suele acogerse únicamente con el fin de reducir costes y aumentar los beneficios”, lo cual frecuentemente “se traduce en nuevas formas de precariedad y desigualdad con remuneraciones muy elevadas para una minoría altamente especializada y salarios cada vez más bajos para una gran parte de la población activa”. El impacto sobre la carrera armamentista es otro tema sobre el que expresa preocupación: en un escenario que recuerda a Terminator plantea la posibilidad de que armas relacionadas con la IA pueden hacer más factible las guerras al sustraerlas del control humano. En cuanto a la educación, el uso indiscriminado de smartphones por parte de los jóvenes impulsaría adicciones y dinámicas de aislamiento y acoso.
Debido a la larga visión histórica de la Iglesia Católica, la encíclica está imbuida de un tono comedido y falto de asombro aun cuando aborda un fenómeno tecnológico que transcurre a una velocidad vertiginosa, sin parangón en la historia, y que abre grandes interrogantes. Seguramente ello se debe a que ve en la IA tan sólo el último episodio en el recurrente intento humano por arribar al mundo feliz, como lo fueron antes la Revolución Industrial y, más recientemente, descubrimientos tecnológicos como la clonación. El escepticismo que muestra ante nuevos desarrollos es entendible: todas las religiones, en mayor o menor medida, son propensas a mostrar cautela ante la idea de progreso y a oponerse a las pulsiones prometeicas del ser humano en la búsqueda por independizarse de los dioses y encontrar el paraíso aquí y ahora.
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En este contexto, no dudo que León XIV tiene la esperanza de que su primera encíclica correrá la misma buena suerte que la Rerum novarum al tender puentes efectivos con el mundo laico para enfrentar el nuevo desafío de la IA. Ciertamente, la cautela ante el desarrollo tecnológico ha ocupado también un lugar central en el pensamiento secular. Otro filósofo al que Magnificas humanitas podría haber citado es Heidegger el cual en su oportunidad atisbó que “la esencia de la técnica no es, en absoluto, algo técnico”.
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