Un recorrido por un laberinto que cruza las cámaras del sueño, un templo interior, entre umbrales donde viven 11 criaturas: una especie de Jano (mitad serpiente, mitad máscara tribal), un barquero, felinos y arcanos del Tarot, por ejemplo, pueden verse en la exposición inmersiva Leonora Carrington: Laberinto Mágico.
Su curador, Fermín Llamazares, cuenta que estas esculturas estuvieron expuestas hace tiempo en Reforma y que el proyecto surgió por un acercamiento que tuvo el estudio Cocolab hace cuatro años con el Consejo Leonora Carrington (el artista Pablo Weisz Carrington es quien impulsó la colaboración con Cocolab): “El Consejo hace la curaduría de la obra, revisa y da el visto bueno de los desarrollos alrededor de la obra, pero los creativos que diseñan toda la escenografía alrededor de ella son expertos en Cocolab”.
La muestra puede describirse como algo más cercano a la experiencia escénica.
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“La mayoría de las personas tenemos la idea de que una experiencia inmersiva es aquella donde con efectos de luz, mapping y animación de la obra se proyecta en la pared la pintura de algún artista, a la que se le da animación. En este caso es una inmersiva muy diferente porque tenemos la obra original y lo inmersivo es sobre la escenografía y no propiamente sobre la obra, lo que se crea es el ambiente auditivo, visual y táctil de las piezas”, continúa el curador Fermín Llamazares.
En algunos casos es imposible interactuar con la obra (manipulando la luz que se proyecta u obteniendo cartas del Tarot al activar una pieza). Antes de entrar al laberinto hay un vestíbulo en el que se exhiben fotografías, pinceles que Carrington usó, un par de imágenes y cuadros y una línea del tiempo dedicada a la pintora, que recapitula su nacimiento, la influencia temprana del arte italiano, la amistad con los surrealistas, la llegada a México y el éxito internacional.
Una leyenda, “Piérdete para encontrarte”, marca el punto de partida: “Es un laberinto, el laberinto en los celtas representa la vida, te vas encontrando diferentes circunstancias, diferentes escenas, quizá en un laberinto la sensación es que a la vuelta te vas a encontrar la solución cuando ves al otro lado y más o menos está es la historia que yo capto; con Leonora es difícil porque ella nunca explicó su obra, entonces cada quien tenemos que interpretarla de la manera que nosotros sintamos”.
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El curador abunda: “El proceso de Leonora es complicado porque parte de los sueños, ella llevó un diario de sueños y trabajó a partir de él (...) Desde el punto de vista del Consejo, esta exposición fue muy atractiva para nosotros porque coincide mucho con las exposiciones surrealistas y recuerda la primera gran exposición del surrealismo en la que el museógrafo fue Marcel Duchamp, quien hizo la muestra en una bodega, con túneles hechos con costales de carbón, dejó sin luz el recinto y le entregaba una lámpara de minero a los asistentes. Es el sentido de una exposición surrealista que quizá nunca veremos en el Museo de Arte Moderno, el sentido surrealista es mucho más lúdico, el espectador participa creando obra, interactuando”.
La exposición inmersiva puede verse a partir de mañana y hasta el próximo 2 de septiembre en el Centro de las Artes Inmersas (CAI; General Prim 90, Juárez). “Es algo inédito. Y algo inédito en Leonora y una muy buena experiencia”, concluye.
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