Era 2018. Con alguna demora, hizo aparición en el “escenario” de la ya desde entonces emblemática “Casa del Rolty” Pablo Rivera, un joven cuya apariencia formal contrastaba con el resto de los que ahí se congregaban. Se paró en medio de esa sala en la que semanalmente tenían (y todavía tienen) lugar conciertos acústicos para músicos emergentes —y en donde, sin previo aviso, también podían aparecer célebres personajes que hoy poseen un peso mayúsculo a nivel nacional e internacional como El David Aguilar (quien fue junto a Rolty uno de los primeros en implementar este tipo de conciertos acústicos en casas), Mon Laferte, Silvana Estrada, Daniel Me Estás Matando, Adanowsky, Daniel Quién, entre otros— , se disculpó por el retraso (vengo directo de la chamba, dijo) y, a continuación, comenzó a tocar “Lamento Godínez”, una canción swingada (cuya letra es una irónica oda a los oficinistas) con la que enseguida provocó risas y alegría en los presentes que se amontonaban en el reducido recinto. Al llegar al estribillo, los que se la sabían coreaban “Semana tras semana” mientras Pablo respondía cantando “Las horas se consumen entre tazas de café” en una total algarabía que quedó registrada y que hoy puede ser revivida a través del archivo que Rolty disponibilizó a los interesados en su canal de Youtube.
Cuando acabó su intervención me acerqué a felicitarlo y, en la plática, me enteré que aquella canción había ganado el segundo lugar en la edición 2016 del concurso Viva la Canción de Autor y que Pablo poseía estudios formales de composición en la Escuela Nacional de Música de la UNAM, lo cual —a juzgar por los sofisticados arreglos con los que aderezó su performance y por la conexión instantánea que ella logró con el público— me hizo total sentido.
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Desde entonces a la fecha, Rivera no ha hecho más que acumular reconocimientos y ampliar su público, el cual se compone en buena parte por melómanos. En cierto punto, consiguió dejar su empleo de oficinista y ahora se dedica de lleno a la canción en el amplio sentido de la palabra.
Ha recibido galardones como el primer lugar en el concurso “El Bolero de Hoy” (IMER, 2018), el primer lugar en el concurso “Rómpela con Nazil” (2020), el IX Premio IBERMÚSICAS de Creación de Canciones (2023) —junto a Martha Mega— así como la mención honorífica en el concurso Internacional de Bolero Vivo (2024). En su rol de intérprete ha viajado a Alemania para presentar la ópera rock Disidentes (2022) del compositor Enrico Chapela. Ha compuesto temas para otros intérpretes, por ejemplo, para la banda regional Los Buitres de Culiacán.y ha mantenido activa la publicación de sus propias canciones (por ejemplo, las cinco que componen el EP Ventanas de Oficina de 2019 y las cinco que integran Boleros en la Sala de 2023) así como los sencillos “Pucheros” (2020), “Ofendido y pisoteado”, “Amor caníbal” (2021), “Varias vidas” (2022) La Ciudad del Ruido” (2024) y “Calma” (2025), coescritos con Mariana Santiago.
Cuenta, además, con una destacada faceta educativa, desempeñándose no solo como “profesor de canciones” en importantes instituciones ligadas a este rubro (como profesor suplente en el Taller de Composición de la SACM desde el 2020 y el Máster Online de Producción y Composición de Canciones del centro español EARTES desde 2024) sino, también, como maestro y estudioso independiente que posee bajo su tutela el Taller Escuela de Rolas fundado en 2021 y el Taller de Boleros, fundado en 2024 (que, dicho sea de paso, reanudó sus clases el jueves pasado), ambos, cursos en línea que son frecuentados por personas de toda Latinoamérica.
Por último, y no menos importante, posee en actividad un concurrido canal de Tiktok para el cual produce interesantes videos que giran en torno a recursos (líricos, musicales y performáticos) para la composición e interpretación de canciones, además de que dirige (junto a Kivort) el programa “Cantando el Tiro”, un videopodcast de entrevistas a cantautores (en colaboración a nivel técnico con Fernando Torres del estudio Escala Records y producción visual de María Natalia) en el que han participado tanto artistas en despegue como veteranos legendarios —por ejemplo el trovador cubano Virulo, el compositor Rafael Mendoza, el rockero Jaime López, así como el sonero Guillermo Velázquez— y que ha consolidado una audiencia interesada en la canción de autor y en la música independiente.
Este jueves 16 de octubre, el artista y pedagogo de la canción ofreció un concierto junto a su inseparable compañero Kibort en el foro del Tejedor, un recinto que también es histórico y emblemático para la canción de autor y que ha acogido desde los años noventa a trovadores como Fernando Delgadillo, Jaime López, Cecilia Toussaint y, más recientemente, a Jorge Drexler.
A propósito de este show, Pablo Rivera nos concedió esta entrevista.
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Tengo entendido que tu verdadero nombre es José Hazel: ¿por qué elegiste Pablo Ribera como tu nombre artístico?
Lo que pasa es que, al comienzo de mi carrera, yo trabajaba en una oficina y ahí me dijeron: "mientras sea en las horas de comida no tenemos problema de que vayas a los concursos, pero, eso sí, no nos gustaría que la gente asocie nuestra empresa a esas cosas de la música". Entonces tocó inventarme un pseudónimo. De hecho, mi participación en el concurso Viva la canción de autor ya fue bajo el nombre de Pablo Rivera. Lo elegí porque mi abuelo se llamaba Pablo y después vine a saber que ese nombre significa algo así como el pequeño. Fue el nombre de uno de los apóstoles de Jesús, el único que no lo vio, pero aún así lo difundió. Eso me parece maravilloso y me gusta también aplicarlo en el contexto del quehacer de canciones. A veces me concibo como alguien que no vio de primera mano la divinidad, pero que se cegó por ella y que ahora no puede más que hablar de ella. Por eso me la paso hablando de la rola.
Por lo que dices, me da la impresión de que concibes al arte como una actividad de implicaciones espirituales (no necesariamente religiosas).
Lo religioso implica una especie de pasión. El arte, por su parte, también conlleva una pasión que es análoga a la religiosa. Todo verdadero arte es apasionado. Mi maestro RoBeRtO Ruiz Guadalajara sostenía que el arte es la conjunción de pasión y técnica y ejemplificaba este punto con uno de los mitos griegos; cuando Hera fue atrapada en un trono-trampa por su hijo Hefestos (el dios de todos los herreros, hacedor de las armas), con quien ella tenía una relación complicada, los dioses van a buscar a este para tratar de disuadirlo a que la suelte pero ninguno lo convence. No es hasta que llega Dionisio, el dios de la embriaguez (y de la pasión), que Hefestos se convence de hacerlo. Juntos, Dionisio y Hefestos, esa alianza de técnica y pasión, liberan a Hera, la representación de la tierra.
Este relato puede ser entendido como una alegoría del arte, el cual requiere al mismo tiempo pasión y técnica. Quien aspira a hacer arte tiene que fijarse en desarrollar su técnica, pero sin perder su pasión, sin dejar apagar esa llama que no es otra que la de la creación original, la creación del origen, buscar y querer ser parte de ese fuego de lo humano.
Por otro lado, esta pasión no es exclusiva de los compositores sino que también está presente en el público.
Sí, suelo oír gente que dice “esa canción me conmovió mucho, me hizo llorar, yo la estaba pasando mal, estaba en un momento complicado y necesitaba oír esto”. O gente que dice "esta canción parece que fue compuesta para mi y para mi pareja, es nuestra canción especial." Yo pienso mucho en Chava Flores cuando pasa algo así. Él, antes de comenzar un concierto (y hay videos en internet sobre ello) empezaba diciendo que era un mal cantante y un mal artista en general, pero que era un compositor de canciones y que en sus canciones todos se podían encontrar. Esa era una presentación de una fuerza maravillosa. Él decía: “En mis canciones hablo de lo que veo y ahí usted se va a encontrar”. Por mi admiración a Chava Flores fue que escogí como pseudónimo el apellido Rivera, por que él se llamaba Salvador Flores Rivera y siempre me ha volado la cabeza su manera de abordar las canciones. Las ve como un reflejo de los demás, del sentimiento de su tiempo. Y logró muy bien reflejar eso en sus canciones.
Me parece que esa es la bandera del compositor. Si eres uno sensible, te verás como parte de tu época, como parte de un colectivo que te rodea y que puede ser retratado en la forma en que pones ciertas ideas, ciertas costumbres. Tienes que retratarlo de una manera en que no solo aparezcas tú sino que también esté allí lo que está alrededor de ti. Por eso hay gente que se encuentra en tu canción, porque lo que estás escribiendo, además de hablar de ti, si lo haces bien, también habla de ellos. Hay gente que justamente le hace eco lo que escribes porque se encuentra en tu canción.
En este sentido, más allá de que se acostumbre enfatizar la figura del autor a través de términos como autoficción o autobiografía (y a interpretar al yo que habita dentro de las canciones como una entidad fundamentalmente autoral), realmente son los escuchas y sus identificaciones los protagónicos
Sin duda. Tuve la fortuna de ir con el Kivort a Xichú a la Sierra Gorda de Guanajuato a experimentar el fin de año en ese pueblito. Me habían contado mucho, pero hasta que fui lo vi con mis propios ojos: un pueblo serrano, "pueta" (como ellos mismos se denominan), en lo más alejado, donde no hay casi internet. Ahí, en Año Nuevo hacen ciertos rituales, costumbres en relación hacia la palabra que nunca había visto en mi vida y que para mí fueron increíbles. El mero 31 de diciembre van al cementerio todos en el pueblo a cantarle a sus puetas, a improvisarles poesía. En el día hacen esa visita, pero lo importante pasa en la noche.
Ahí entendí una palabra que ellos utilizan para sus costumbres: el destino, pero no en el sentido que uno entendería como lo que va a pasar, sino como un llamado que te llega y tienes que responder. Para ellos el destino es, por ejemplo, que un muchacho o una muchacha que nació, tenga propensión a poder hacer versos, a cantar, a tocar, lo que significa tiene sobre él/ella el destino, y tiene que responder a él. Cuando hay un cumpleaños, un matrimonio, un velorio, una fiesta, los que tienen el destino tienen que ir a cantar a los demás.
Yo lo aterrizo así: todos tenemos sentimientos y nos pasan cosas, todos tenemos historias, tenemos nuestras penas, alegrías, nadie es especial. Pero hay gente que tiene facilidad para hacer un verso y para cantar una canción. Ellos también sienten lo mismo que todos, pero tienen el destino y, por tanto, tienen que cantar eso que los demás no saben cómo poner en un verso, hablar por los demás y hacerse en una canción un reflejo de lo que están entiendo.
Por eso me gusta mucho pensar en esa palabra. Me cambió mucho el pensamiento porque yo crecí en la Ciudad de México con toda esta faramalla, esa publicidad de lo que debe ser el artista, el más fregón, el genio detrás de las canciones o el artista en el escenario. Diferente de este pensamiento, encontré en Xichú otra posibilidad; tú no eres especial, tú solo eres el responsable de cantar las cosas que nos están pasando, que está sonando alrededor tuyo. Realiza tu destino, pero no por ti. Hazlo para que los demás canten, bailen, lloren.
Eso me recuerda a Miguel Arizmendi, un muchacho guerrerense que tiene un proyecto llamado Ehekatl Y muchas canciones que escuché de él, en gran parte chilenas, también las cantaban y bailaban otros de su pueblo. Y si bien sabían quiém era el compositor, nadie daba mucha importancia a eso, era lo de menos. Lo que importa es que pudieran bailar y tocar algo.
A pesar de ser una de las expresiones más representativas de los mexicanos, la historia de la canción popular y de sus exponentes permanece en gran parte inadvertidas. Qué personajes consideras que merecería más divulgación
Uno es, sin duda es, Ema Elena Valdelamar. Aunque ya se le ha hecho justicia en cierta manera a algunas de sus canciones, ella es una compositora gigante y creo no se le ha dado el lugar que merece, hace falta que su nombre se reivindique más. Ella es más que “Mucho corazón” y “Cheque en Blanco”. Tiene, por ejemplo, “Dos soledades”, una canción hermosa y poco conocida, a mí me hace llorar.
Tiene canciones que me parecen muy adelantadas. Ella hablaba desde una dignidad. En canciones como "Devuélveme el corazón" y la propia "Cheque en blanco" toma una posición ante el hombre como diciéndole: “la neta no te voy a andar rogando, la neta eres un culero”. Y me parece eso muy digno para su época.
Álvaro Carrillo es una persona obviamente importante en la historia de la música mexicana. María Grever, Gabilondo Soler (Crí crí) son importantes en su imaginario, en su concepción de cómo hacer canciones. También podría mencionar a Luis Demetrio, Manuel Esperón, Víctor Cordero, todos ellos relacionados a la historia de la música mexicana, algunos del ranchero, algunos del bolero. José Alfredo Jiménez —creo que tengo, como dicen, una alma muy vieja— Fuera de México, puntualmente en Cuba, es necesario reivindicar, el nombre Marta Valés en Cuba. Sería también necesario que se conociera más en México a Chico Buarque.
¿Consideras que la canción es una manifestación cultural que está a la altura en términos de vuelos intelectuales y poéticos a otras formas culturales más sacralizadas como la poesía o la música erudita?
Creo que ese es un debate trascendido. El monopolio de la beatificación, desde el que se solían considerar las bellas artes se ha puesto ya desde hace tiempo en duda. Hoy es por todos sabido que las llamadas artes menores realmente tienen un reflejo importante en las sociedades y en la estética de los pueblos. Hasta dieron el premio Nobel de literatura a Bob Dylan.
Cómo no va a ser eso artístico, cómo no va a tener altos vuelos una expresión que cuando logras conectar con ella ya no puedes volver a comportarte igual, ya no puedes volver a ser el mismo.
Entiendo por qué puede ser considerada como entretenimiento, pero también es sin duda una vía artística que tiene la peculiaridad, en tanto expresión popular, de que está en primer contacto con toda la gente. Puedes hacer canciones no importa donde estés, si tienes o no dinero. Basta escuchar tu entorno y después poner en palabras cantadas lo que sientes. Sea aquí en la ciudad o en la sierra gorda Ahí donde escuches algo y haga sentido cultural e identitariamente hablando puedes hacer una canción.
Qué le aconsejarías a alguien joven que cree sentir el destino del arte.
El que se dice artista tiene que aventarse la encomienda de encontrar eso valioso y digno para el futuro de lo que está haciendo. Tiene que agarrar valentía para embarcarse a la aventura de encontrar una voz que aporte.
Por su parte, también es importante que dicha búsqueda de una u otra forma se encamine a lo colectivo. Incluso los grandes genios, al final, siempre han tendido hacia lo colectivo. Revueltas se asomó a los motivos propios del país para incorporarlos a su obra. Bad Bunny, ícono en el urbano pop, hace lo propio en su último disco. Son dos extremos opuestos que tienen en común esa brújula que apunta a la colectividad.
Quien sienta el llamado a la composición tendrá que encontrar una manera de reflejar aquello que es suyo, no en el sentido de que le pertenezca como un objeto de su propiedad, sino aquello de donde viene, de donde es. Y para reflejar eso de donde se es precisas escribir no de ti, sino de lo que te rodea. Quien se diga artista es porque ya le cayó el veinte de eso. Y tiene que esforzarse por hacer algo digno.
Yo veo una mesa donde están esos compositores que verdaderamente se aventuraron y que lo hicieron de una manera increíble. Los que nos han hecho llorar y reír. Ahí está José Alfredo Jiménez, Ema Elena Valdelamar, Álvaro Carrillo, Juan Gabriel. Si tú te vas a denominar a ti mismo artista, es porque crees que pretendes sentarte en esa mesa. Bueno, siéntate. ¿Pero qué vas a poner en la mesa? ¿Tú qué has aportado?¿Tú a qué lugar llegaste? No me refiero al alcance en números, me refiero a qué visión encontraste para reflejar a los demás allí en esa canción.
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