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A un siglo de su nacimiento, la obra de Jaime Sabines ha trascendido fronteras lingüísticas y culturales para consolidarse como una de las voces universales de la poesía en español. Sus poemas dialogan con lectores de lenguas tan extendidas como el inglés, el francés, alemán o japonés, pero también en otras menos difundidas, como el italiano, el japonés, el checo, el bahasa e incluso el árabe. Esta última lengua lo devolvió, hace casi dos décadas, a la tierra de sus raíces familiares, el Líbano.
A ese país, de donde salió su padre entre 1898 y 1899 para “hacer la América”, Jaime Sabines llegó en 2007 de la mano de una antología realizada por Afif Albert Kaissar, poeta libanés que arribó a México en 1982 y que, desde aquí, ha traducido obras de Octavio Paz, José Emilio Pacheco, Elsa Cross, Fabio Morábito, Miriam Moscona, David Huerta y del propio Sabines para publicarlas, en un inicio, en las páginas culturales del periódico An Nahar, en Beirut. Esas traducciones dieron origen años después a la antología Poemas de México (2019). Mucho antes, con el apoyo y la anuencia de Julio Sabines, hijo del poeta, Kaissar tuvo acceso a toda su obra para traducirla, trabajo que desembocó en Poemas selectos de Jaime Sabines (2007), volumen editado por Dar Nelson Publishing House, en Beirut, que reúne 32 poemas. Años más tarde, el libro tuvo una segunda edición ampliada, impulsada por la Embajada de México en el Líbano, en el marco de un homenaje al autor de Yuria.
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“Mi interés por traducir a Sabines no fue sólo por su origen libanés, sino porque encontré en él la sabiduría de lo sencillo, es decir, si un sabio lee sus poemas puede captar muchas cosas, pero también un hombre que nunca estudió más de la secundaria”, afirma en entrevista el también poeta. “Traduje también a Octavio Paz, y él no es para cualquier persona, pero no hay ningún mexicano a quien no le encante leer a Sabines. Esa profundidad de sus poemas, la cercanía al corazón humano, no es tan fácil de lograr, y él lo logró al máximo”.
Sin embargo, esa aparente sencillez ha sido uno de los principales retos al llevar la poesía de Sabines al árabe. “Me encanta Dios no pude traducirlo al árabe clásico, como los otros poemas”, relata el traductor, quien recuerda que, a diferencia de otras lenguas, el árabe presenta una división entre el registro clásico —compartido por todos los países de esa tradición y usado en contextos formales— y el coloquial, que varía según la región y se emplea en lo cotidiano.
“Si lo traducía al clásico, había palabras que se perderían totalmente, así que lo traduje en el coloquial libanés”, dice, y abunda: “El poema empieza diciendo ‘Me encanta Dios’. En árabe clásico hay maneras de decirlo, pero sería: ‘un milagro que me cambia’. No hay una palabra clásica que pueda captar la esencia del original”.

Otro ejemplo: “‘Me encanta Dios. Es un viejo magnífico que no se toma en serio’. ‘Tomar en serio’ es coloquial en español y, si lo traduzco literal al árabe clásico, no tendría el sentido que quería darle Sabines. En el coloquial tenemos una palabra exacta”.
Amante de la poesía, Afif Albert Kaissar describe esta labor de traducción como un acto de amor hacia la poesía del chiapaneco. “Nadie me lo pidió ni gané dinero”. Un proceso entrañable para el que desarrolló un método centrado en la escucha: “Tenía cassettes y CD’s de Sabines leyendo sus poemas en la UNAM y en Bellas Artes. Cada vez que iba a traducir un poema, buscaba su voz y lo escuchaba antes de dormir; me dormía escuchándolo. Quería captar la vibración, el sabor, el olor del poema y de su voz; traducir no es sólo pasar el léxico del español al árabe”.
El traductor lamenta que la poesía de Sabines no tenga tanta difusión en el extranjero para que la diáspora libanesa lo conozca, pues no duda que podrían encontrar en sus versos una afinidad cultural. “Hay cosas que resuenan”, dice, al recordar que, si bien Sabines no hablaba árabe, creció escuchando relatos de esa tradición narrados por su padre.
Pilar Jiménez Trejo, autora de Jaime Sabines: apuntes para una biografía (2012), asegura que el autor de Tarumba tenía cierta afinidad con la tradición lírica del Medio Oriente, pues “aspiraba siempre a la sencillez y a la ternura de la poesía oriental, a la que encontraba en Las mil y una noches o en la Biblia”.
La traducción Afif Albert Kaissar, significativa por la ascendencia libanesa de su familia, se vino a sumar a otras que ya se habían hecho desde los años 70. Jiménez Trejo refiere que Sabines fue traducido primero al inglés y después, en 1987, al alemán, a partir de libros como Tarumba y Algo sobre la muerte del Mayor Sabines. Más tarde, su poesía fue llevada al francés —tanto en Canadá como en Francia— por traductores como Jean-Clarence Lambert y al inglés por W. S. Merwin, también traductores de Octavio Paz. “Está traducido al bahasa, que es el idioma de Indonesia y de Malasia; también al checo. Cuando estuve en China vi algunos poemas de él traducidos al chino; al japonés también se ha llevado. Ya es un poeta universal y que ha trascendido como los grandes”, dice Jiménez Trejo en entrevista.
La aventura al inglés
Si bien el autor chiapaneco logró ver en vida sus obras traducidas en inglés y convivió con algunos de los responsables de llevarlas a ese idioma, como el neoyorquino W. S. Merwin, su prosa sigue seduciendo a traductores.
Es el caso de Mark Schafer, profesor en la Universidad de Massachusetts Boston, quien tradujo Algo sobre la muerte de Mayor Sabines, incluido en Pinholes in the Night: Essential Poems from Latin America (Copper Canyon Press, 2014), antología bilingüe seleccionada por Raúl Zurita y editada junto a Forrest Gander, que reúne 15 poemas fundamentales de poetas latinoamericanos del siglo XX.
Schafer, quien también ha traducido al inglés a poetas mexicanos como David Huerta y Gloria Gervitz, recuerda ese encargo como “una oportunidad fabulosa”, surgida a partir de la invitación del propio Gander. Al entrar en el poema, descubrió que el trabajo sería más complejo de lo esperado, pues una parte eran sonetos, algo que, hasta entonces, no había traducido. “Me entró un pánico, pero no había de otra”, relata el académico, quien dice que traducir a veces es como reparar un coche: “Abres el cofre para ver el motor y encuentras más de lo que esperabas. Eso me pasó. Me fascinó el poema al leerlo, pero al meterme en el lenguaje, en ciertas formas del poema, en las emociones, fue impresionante”.
El académico cuenta que descubrió a Sabines cuando vivió en Tepoztlán, a finales de los 80. Y aunque conocía su obra, desconocía que el chiapaneco también escribió sonetos. La solución a ese reto lo halló en la propia voz de Sabines, en un texto donde hablaba del proceso de escritura de ese poema de luto: “En ese texto decía que rompía el ritmo, que no los escribía a la manera tradicional. Eso me dio permiso para no aspirar a una rima exacta. Trabajé mucho buscando una forma métrica híbrida entre el soneto español y el soneto inglés”.
Otro desafío llegó en el sexto poema de la primera parte, cuando Sabines escribe del entierro de su padre: “Te enterramos ayer/ ayer te enterramos / Te echamos tierra ayer / Quedaste en la tierra ayer/ Estás rodeado de tierra / desde ayer… Esto suena sencillo, pero fue muy complicado”, relata Schafer: “Sabines repite y repite ‘tierra’; ‘tierra ayer’, hay un sonido fuerte de la ‘t’ y la ‘r’. Yo imaginaba los montoncitos de tierra del hoyo cayendo, chocando sobre la caja, así que tuve que trabajarlo mucho porque en inglés ‘tierra’, como ‘madre tierra’, es ‘earth; cuando se habla de sembrar, usamos earth, que es muy suave, no es un golpe; en cambio, ‘yesterday’ es más chocante, golpea, así que esa palabra sí funcionaba. Entonces, para ‘tierra’, usé ‘dirt’, que puede referirse a ‘tierra’ también. Al final quedó: ‘Yesterday we covered you in dirt’. Traté de hacer sonar como en golpe esa ‘r’ y esa ‘t’”.
Otra aventura lingüística al inglés es la que ha tenido el traductor Colin Carberry, canadiense criado en Irlanda y asentado en Linares, Nuevo León, que descubrió a Jaime Sabines en 2001 mientras daba clases de inglés en una escuela y compartía lecturas con Verónica —entonces su compañera y hoy su esposa—, quien le leyó los versos de Espero curarme de ti, que lo impactaron de manera “placentera y visceral”. “Lo que llamó la atención de su poesía fue su sencillez, honestidad y su capacidad para comunicar verdades universales en una dicción coloquial, original, accesible y auténticamente mexicana, sin pretensiones”, comparte el traductor, quien asegura que en ese proceso sintió que su destino era traducir al menos una parte de la obra del chiapaneco.
Desde entonces ha traducido cerca de 100 poemas de Sabines, varios de los cuales han aparecido en revistas de Canadá y Reino Unido, así como en su libro de poemas selectos Ghost Homeland (Editorial Scotus, Irlanda, 2020), además de cuatro libros: Adán y Eva, Diario semanario y poemas en prosa, Poesía amorosa y Yuria. Todas las traducciones con permiso de la familia Sabines, aunque asegura que en los últimos años es su editorial quien autoriza. Próximamente, adelanta, publicará en una revista digital británica otros seis poemas traducidos. “Hasta la fecha nadie ha publicado una traducción de Sabines en el Reino Unido. Espero ser el primero”, dice vía correo. El poeta y traductor cuenta que trabaja en la introducción de la traducción que hizo de Yuria.
Para Carberry, traducir poesía exige entrega porque es como “cantar en la piel de otro”. En el caso de Sabines, la mayor dificultad fue “asegurarse de haber comprendido correctamente lo que el poeta quiere decir, y luego, encontrar el equivalente adecuado para la expresión idiomática del original en inglés”.
Sabines desembarca en Italia
Desde Italia, el traductor Emilio Coco también comparte su experiencia. Para él, el encuentro con Sabines fue una forma de revelación. Los poemas del chiapaneco que llevó al italiano están reunidos en su antología Le poesie del pedone (Los poemas del peatón), título tomado de la antología Les poèmes du piéton / Los poemas del peatón, prologada por Marco Antonio Campos y traducida al francés por Émile Martel (Écrits des Forges, Trois-Rivières, 2003). “Una exhaustiva selección bilingüe, con la inclusión de un centenar de poemas pertenecientes a sus distintos libros”, cuenta por correo.
Coco llegó por primera vez a México en 2008 y vuelve siempre, invitado a festivales. Cuenta que fue en aquel primer viaje cuando afirmó su interés por la poesía latinoamericana y, en particular, la mexicana. Había ya traducido a Ramón López Velarde y a Alí Chumacero, impulsado por Campos, cuando recibió de él un correo que lo animaba a traducir a Sabines. “Me decía que Sabines era el autor más leído y querido en México en los últimos 50 años y que merecía la pena ser conocido también en Italia”.
Coco investigó y descubrió que no existían traducciones sólidas de su obra, apenas algunos poemas dispersos en sitios web, “mal traducidos al italiano y sin el nombre del traductor”. Eso lo decidió a aceptar la invitación y a sumergirse en la lectura de una obra que lo atrapó por “la densidad e intensidad extraordinarias de su palabra”.
“¿Por qué he traducido a Jaime Sabines? Ante todo porque la de Sabines es una de las obras cumbres de la poesía mexicana y latinoamericana y también porque, como vengo repitiendo insistentemente, es el poeta que más me ha influenciado con su voz inconfundible, con su rechazo de lo puramente estético, con su mundo lleno de emociones, con su exaltación del amor y de la muerte”, comparte el traductor que a finales de marzo estará en Tuxtla Gutiérrez para participar en un homenaje al poeta, donde además se leerá un poema de su autoría dedicado a Sabines.
Sobre las complejidades de llevarlo a su lengua, Emilio Coco ofrece un ejemplo preciso: “La traducción de un solo poema en el que la musicalidad y el ritmo han permanecido intactos también en italiano y donde he tenido que hacer algunos cambios y forzar el sentido para mantener esa musicalidad. A la pedante adhesión mimética he preferido una infidelidad armoniosa. En el poema Yo no lo sé de cierto asistimos a una combinación de versos heptasílabos con endecasílabos. En mi traducción he hecho sólo pequeños cambios: ‘algún día se quieren’: ‘un giorno s’amino’ (el subjuntivo en vez del indicativo español); ‘algo en su corazón les dice que están solos’: ‘e c’è qualcosa che nei loro cuori dice che sono soli’ (en italiano he tenido que sustituir el alejandrino con un endecasílabo y un heptasílabos) y algunos que otros reajustes sin los cuales la traducción hubiera sido un desastre desde el punto de vista del metro y de la música”.
Jaime Sabines en Italia, dice Coco, era hasta que se publicaran sus traducciones una presencia casi inexistente. “Antes de mi traducción, su obra era completamente desconocida. En mi país, con excepción de algunos poetas ya clásicos, como Pablo Neruda, Octavio Paz o Gabriela Mistral la poesía latinoamericana es semiclandestina y encomendada a iniciativas ocasionales”.
Esa observación coincide con lo que también advierten Carberry y Schafer sobre el ámbito angloparlante: Sabines todavía no es tan conocido al nivel que merece. Carberry lo atribuye a varias razones: “Aunque Sabines ganó premios importantes de México, y algunos en el extranjero, quizás si hubiera sido nominado por el Nobel, por ejemplo, el mundo angloparlante hubiera volteado a verlo. Otro factor es que muchos traductores prefieren traducir a un poeta vivo porque pueden consultar con él o ella dudas, interpretaciones”. Sin embargo, añade, su fama sigue extendiéndose por el mundo. “Yo sigo haciendo mi parte”, dice el traductor, quien para ilustrar la dimensión de la popularidad del poeta recupera un recuerdo que Émile Martel le contó sobre una lectura de Sabines en la FIL Guadalajara de 1995: “ Sabines tuvo una lectura; había una multitud desbordante en la sala de conferencias que la lectura se transmitió en pantallas gigantes y cientos de personas se juntaron para verlo. Recuerdo claramente cómo los labios se movían cuando leía Los amorosos. Un clásico vivo, pensé”.
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