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Malas noticias para la caricatura y el humor, pésimas para la crítica y el periodismo. Antier, The New York Times decide no volver a publicar caricaturas en su diario, rompiendo una tradición centenaria; también ayer renunció a seguir haciendo caricatura Bruno Ferreira, Premio Nacional de Periodismo 2007, “por nulas condiciones de seguridad para el ejercicio de la libre expresión en Veracruz” y esta madrugada falleció Apebas.
Alejandro Pérez Basurto fue un chilango que desde niño supo que sería monero. Su padre era un pintor aficionado y rotulista excepcional.
Apebas forma parte de una generación de caricaturistas que, como tal, emergieron en la irrupción de la caricatura mexicana y ocuparon amplios espacios a partir de la democratización del periodismo, al que estaba vinculado pues estudió esa licenciatura dentro de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.
Paco Calderón, Alfredo Guasp, Ramón Garduño, Trizas o Pedro Sol son algunos de los caricaturistas de esa generación; los tres últimos, con él, ocuparon la presidencia de la Sociedad Mexicana de Caricaturistas (SMC).
Su presencia en la SMC fue de gran importancia, pues dirigió dos de sus publicaciones, Al Tiro, y Lapiztola, además de colaborar en innumerables medios. Fue autor de la primera museografía del Museo de la Caricatura.
Destaca su presencia en EL UNIVERSAL, donde retrató a grandes personalidades de la cultura nacional. Cada semana presentaba sus Tres figuras para un domingo y, junto a la pintora Martha Chapa, una página llamada Las manzanas de Martha Chapa.
Apebas fue precursor del uso de nuevas tecnologías y su obra incursionó en esa experimentación que, hoy en día, se ha convertido en algo cotidiano.
Su obra fue expuesta en diversos países; es autor del libro Historia del humor gráfico en México (Alcalá de Henares, 2002) y fue compilador de imágenes del Diccionario biográfico ilustrado de la caricatura en México, de Agustín Sánchez González (Limusa, 1997).
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