Víctima de la desesperación, un pequeño petirrojo se arroja en caída libre. La pequeña ave es capturada por su depredador: Nyctalus lasiopterus. El murciélago más grande de , capaz de localizar, perseguir, capturar y devorar pequeñas aves de vuelo nocturno. Fin de la historia del petirrojo, pero inicio de la historia del estudio de comportamiento animal. El Nyctalus lasiopterus es una especie vulnerable debido a la pérdida de su hábitat, por lo que el estudio de su hábitos de caza y alimentación, es vital para mantener su especie.

Se sabía que el murciélago se alimentaba de pequeñas aves por las plumas halladas en el material defecado, pero se comprobó, y detalló su estrategia de caza por un dispositivo electrónico ultraligero que captó los detalles de la escena: el petirrojo y el murciélago.

El microchip, desarrollado por científicos de la Universidad de Aarhus, en , es capaz de medir la aceleración y altitud de su vuelo, así como registrar sonidos, incluidos los ultrasonidos que emite al cazar y orientarse. El aparato captó incluso los 20 minutos de masticación continua, mientras el murciélago estaba en pleno vuelo a 400 metros de altura.

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Las cámaras enfocando los refugios o sitios clave de tránsito de la fauna, los radares, las grabadoras de ultrasonido sobre globos aerostáticos, las fototrampas (cámaras activadas por sensores de movimiento infrarrojos) y los sensores biomiméticos (robots montados en el hábitat de la fauna) son otras de las herramientas para documentar interacciones sociales, patrones de actividad, dieta y presencia de especies sin que exista la intervención humana directa.

Konrad Lorenz, Nikolaas Tinbergen y Karl von Frisch son los fundadores de la etología moderna, la ciencia del estudio del comportamiento animal, y ganadores del Premio Nobel en 1973 por sus investigaciones. Desarrollaron métodos de campo en los años 30 para observar animales como gansos, peces y abejas en su entorno natural, pero nunca imaginaron que las nuevas herramientas, podría retratar a los animales, incluso volando a 100 km. por hora.

Mucho antes de las aproximaciones de Lorenz, Tingerbergen y Frisch, Charles Darwin consolidaría la base teórica temprana de la etología con su libro La expresión de las emociones en el hombre y los animales (1872). “La inteligencia está basada en lo eficientes que las especies se vuelven al hacer las cosas que necesitan para sobrevivir”, decía Darwin con observaciones basadas en el mundo animal, pero con eco en las reflexiones sobre el comportamiento humano.

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Según Darwin, las tres acciones más importantes relacionadas con el comportamiento son los instintos, los reflejos y los hábitos. Los dos primeros, a decir del naturalista, son innatos y se heredan. Manifiestan una clara continuidad filogenética en la expresión de las emociones, del mismo modo que existe continuidad en la evolución biológica. Los hábitos son producto de las asociaciones con el mundo exterior y su determinación es cambiante.

El instinto de supervivencia que llevó al petirrojo a tirarse en picada para intentar escapar fue el mismo que ocasionó que el murciélago acelerara su vuelo para atraparlo en el aire, pero hubo otra circunstancia que fue determinante en sus historias de vida y muerte: sus hábitos. El cambio climático provoca alteraciones en los patrones migratorios del petirrojo europeo (Erithacus rubecula).

Maldita primavera

Muchos estudios sobre comportamiento animal de la última década tienen que ver con el cambio climático. Los estudios demuestran que algunas especies se adaptan, pero la velocidad del cambio climático supera la capacidad de respuesta de muchas otras. La primavera es una de las temporadas donde los cambios se vuelven más evidentes y algunas de las especies en las que mejor se reconocen estas transformaciones son las aves.

La primavera adelantada confunde a las aves, quienes a veces no pueden seguir el ritmo, lo que provoca que críen menos o que sus ciclos reproductivos no coincidan con la disponibilidad de alimento. Estudios recientes publicados en la revista Nature Climate Change, muestran cómo la tecnología de seguimiento, está permitiendo entender cómo la disponibilidad de alimento y las señales climáticas están modificando estos patrones, evidenciando cambios de hasta 30 días en los tiempos de migración de diversas especies.

Las aves nocturnas están migrando antes, coordinando el momento de la migración con temperaturas más cálidas, pero incluso en las aves no migratorias el aumento de las temperaturas también tiene impacto, pues adelanta la reproducción, que puede crear desajustes con sus fuentes de comida locales. Instituciones dedicadas al estudio de las aves, como BirdLife International y National Audubon Society, alertan que cerca del 10% de las especies de aves del mundo podrían estar en riesgo debido al calentamiento global en el próximo siglo.

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La señal térmica que marca el comienzo de la primavera se adelanta alrededor de dos días cada diez años, pero las aves no son las únicas especies afectadas por estos nuevos patrones condicionados por el calentamiento global. Los desajustes fenológicos (alteración de los ciclos naturales, provocados por el cambio climático) afectan a varias especies.

Abejas, abejorros y mariposas pueden nacer hambrientos antes de que las flores de las que se alimentan broten, o viceversa, lo que afecta su nutrición y la reproducción de las plantas. Por otra parte, anfibios como ranas y sapos son altamente vulnerables. La primavera adelantada y el cambio en patrones de lluvia pueden secar las pozas temporales donde ponen sus huevos antes de que los renacuajos completen su metamorfosis.

Mamíferos como erizos y tejones pueden despertar de la hibernación antes de que haya suficiente alimento disponible. El mar tampoco sirve de escudo para las altas temperaturas, pues este incremento térmico provoca que el fitoplancton aparezca antes, desincronizándose con el zooplancton y los peces que se alimentan de ellos, afectando toda la cadena alimenticia marina.

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De altos vuelos

Un estudio del Departamento de Biociencias de la Facultad de Ciencias e Ingeniería de la Universidad de Swansea en Reino Unido, señala que los vehículos aéreos no tripulados o drones han revolucionado la monitorización de la fauna silvestre y se utilizan cada vez más para estudiar el comportamiento animal sin la interacción humana y en contextos de difícil acceso.

La integración de tecnologías avanzadas para la recopilación de datos (por ejemplo, imágenes térmicas) y el procesamiento (inteligencia artificial) optimiza su uso, permitiendo un monitoreo y manipulación precisos y no invasivos de la fauna silvestre. Estas herramientas pueden combinarse con otros métodos de observación, como dispositivos de teledetección, para aumentar la eficacia.

Los investigadores también subrayan que la aplicación eficaz y ética de los drones requiere una cuidadosa consideración de los contextos específicos de cada especie, una planificación y un marco sólido para la recopilación, gestión y análisis de datos para no intervenir los hábitos de la fauna.

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Al abordar estos desafíos metodológicos y éticos, los investigadores pueden aprovechar todo el potencial de los drones para profundizar en la comprensión del comportamiento animal y mejorar los esfuerzos de conservación. Incluso, las estrategias de supervivencia de los animales están siendo copiadas por la tecnología.

Hace poco se presentó una tecnología de drones inspirados en murciélagos que utilizan ecolocalización ultrasónica para volar y navegar en total oscuridad, humo o espacios confinados, ideal para misiones de búsqueda y rescate. Estos dispositivos utilizan micrófonos y sensores para emitir sonidos y analizar ecos, esquivando obstáculos sin depender de luz visible. Al final, la ciencia es una democrática estrategia de supervivencia.

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