Varias plantas, como las que dan uvas, moras, arándanos y cacahuates, producen una molécula llamada resveratrol para defenderse de infecciones fúngicas (por hongos) y de la acción de los rayos ultravioletas del sol.
Pero también se ha visto que, en los humanos y otras especies animales, este compuesto orgánico perteneciente a la familia de los fenilpropanoides tiene un efecto antioxidante y protector contra enfermedades cardiovasculares, cáncer, diabetes y padecimientos del sistema nervioso.
“Asimismo, en pruebas de laboratorio se ha detectado que el resveratrol incrementa la longevidad de la mosca Drosophila melanogaster y la levadura Saccharomyces cerevisiae, ambas muy utilizadas en investigaciones biológicas y genéticas. Todavía no se sabe cómo ocurre esto, aunque se asume que es consecuencia de su efecto antioxidante; igualmente se ha reportado que, por este mismo efecto, posee cierta capacidad antiinflamatoria”, dice Guillermo Gosset Lagarda, investigador del Departamento de Ingeniería Celular y Biocatálisis del Instituto de Biotecnología, campus Morelos, de la UNAM.

De la piel de las uvas
El resveratrol se puede extraer de la piel de las uvas, sobre todo, mediante métodos químicos. El problema es que el proceso en sí resulta muy costoso porque requiere una gran cantidad de frutos para obtener una pequeña cantidad de aquél.
“Si bien este proceso no es muy práctico que digamos, es el más utilizado. Ahora bien, casi todos los productos con resveratrol que se encuentran en el mercado son de origen vegetal, pero generalmente tienen una concentración muy baja de esta molécula”, apunta el investigador universitario.
Basados en un trabajo de maestría llevado a cabo en 2016 por el entonces alumno José Miguel Camacho Zaragoza, Gosset Lagarda y su equipo recurrieron a diversas técnicas de ingeniería genética para tratar de suplir esta deficiencia.
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“Así, a partir de una cepa común de Escherichia coli, bacteria que se reproduce con mucha facilidad en un tanque o fermentador, creamos dos nuevas cepas modificadas con genes aislados de la vid (recombinantes), para que una convirtiera glicerol (un alcohol simple) en ácido cumárico y la otra ácido cumárico en resveratrol”, explica.
Esta innovación biotecnológica, que incluye los genes aislados de la vid que sintetizan el resveratrol, la creación de las dos cepas de E. coli modificadas con estos genes y el cultivo de las cepas juntas en un medio muy simple: agua con sales minerales, glicerol y ácido cumárico, recientemente obtuvo una patente en México.
“Además, es limpia porque evita el uso de solventes contaminantes y el desperdicio de residuos como el bagazo de uva que se genera con los procesos tradicionales de extracción del resveratrol”, comenta el investigador.
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Hasta la fecha, éste y su equipo han logrado producir en su laboratorio hasta 74.3 miligramos de resveratrol por litro.
Apoyo de Ingenieros bioquímicos
En opinion de Gosset Lagarda, para que esta innovación tecnológica se transforme en un sistema comercial o industrial hay que pedirles apoyo a los ingenieros bioquímicos.
“Ellos son los que pueden generar las condiciones óptimas en grandes tanques o fermentadores, para que las dos cepas de E. coli modificadas genéticamente primero se reproduzcan y después produzcan el resveratrol en enormes cantidades, lo cual abarataría los costos. Por otro lado, la patente podría ser la base para que se desarrolle una empresa o, si se licencia, para que otra ya establecida se encargue de facilitar la producción del resveratrol.”
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