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En los años recientes, la banca múltiple en México ha mostrado una evolución favorable. A partir de 2020, el sector registró un ritmo de crecimiento en sus operaciones, además de una buena calidad de activos, niveles de capitalización por encima de los observados en otras latitudes y la generación de utilidades históricas en los últimos cinco años por lo menos.
Estos resultados no son una mera casualidad: son consecuencia de las adecuadas regulaciones y la correcta administración y control de riesgos implementadas por parte de las autoridades y los propios bancos; estos factores han permitido tener hoy una banca sólida y confiable en México.
Sin embargo, a pesar de los buenos resultados observados en dichos periodos, se ha comenzado a vislumbrar una desaceleración en el crecimiento de las operaciones, en línea con la tendencia observada en el PIB en los últimos años. Con ello, la cartera de crédito comienza a presentar menores ritmos de crecimiento reales al pasar de 8.2% de 2023-2024 a 2.8% 2024-2025.
Esta situación, en conjunto con la dirección de la política monetaria observada al final de 2024, en donde la tasa de interés se ubicó en 10.0% para luego ser recortada hasta 7.0% al cierre de 2025, ha tenido una incidencia directa en la capacidad del sector para la generación de ingresos por intereses y, por ende, en utilidades netas.
Considerando lo anterior, hay algunas preguntas sobre las acciones que el sector bancario podría llegar a implementar como paliativo. ¿Optar por el aumento en la colocación de cartera y con ello impulsar la generación de ingresos por intereses? O bien, ¿emprender la búsqueda de economías de escala en sus operaciones a través de la digitalización y automatización procesos para la reducción de costos? Ambas opciones son algunos de los caminos en los que se podría desplazar la banca mexicana.
En caso de optar por el aumento en el financiamiento, las condiciones podrían estar sobre la mesa derivado de las expectativas de mejora del crecimiento del PIB a 1.5% para 2026, de acuerdo con el estimado de HR Ratings; asimismo, se espera un ambiente propicio gracias a menores niveles de tasa de interés e iniciativas por parte del sector público y privado.
Por mencionar alguna de estas iniciativas, se encuentra el “Plan México”, un programa impulsado por el Gobierno federal que busca la inversión de 5.6 billones de pesos en proyectos claves de infraestructura, relocalización de cadenas productivas, acceso de financiamiento a Pymes, entre otros ejes rectores. Esta es una estrategia que, en sinergia con la banca mexicana, podría dar resultados positivos en el sector para la reactivación económica del país. No obstante, no hay que descuidar los factores externos que podrían frenar estas iniciativas, como las renegociaciones comerciales de T-MEC, los conflictos geopolíticos, entre otros.
En el sendero de la búsqueda de la generación de eficiencias, el desarrollo e implementación de nuevas tecnologías de la información podrían aligerar los procesos del sector, lo que tendría un impacto en la reducción de costos, permitiendo así compensar el efecto de menores niveles de tasas de interés en la generación de ingresos por intereses.
En conclusión, este 2026 será un año con retos para la banca mexicana; sin embargo, el sector presenta una posición financiera y las condiciones necesarias para sortear las adversidades de la mejor manera posible.
*Director ejecutivo senior de Instituciones Financieras de HR Ratings



