Por Oscar Hernández

Durante años, el retail compitió en función de ubicación, precio y logística. Hoy, esa ecuación cambió. La verdadera diferencia entre las empresas que crecen y las que se rezagan está en su capacidad para tomar mejores decisiones, más rápido, a partir de sus datos.

En ese contexto, se habla cada vez más de organizaciones AI-ready, que describe a las organizaciones preparadas para integrar Inteligencia Artificial dentro de su operación. Pero conviene aclararlo: no es una etiqueta tecnológica, es una condición de negocio. No se trata de tener inteligencia artificial, sino de estar preparados para que realmente impacte en la operación.

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La mayoría de las empresas no están fallando en implementar inteligencia artificial, están fallando en estar listas para usarla. Datos inconsistentes, sistemas desconectados y una falta de claridad sobre qué decisiones se quieren mejorar siguen siendo los principales obstáculos. La IA no es una capa que se agrega, es una capacidad que se construye.

El comportamiento del consumidor ya está reflejando este cambio. Reportes del sector mencionan que 42% de los consumidores en México utiliza asistentes de inteligencia artificial para realizar compras, mientras que 48% estaría dispuesto a delegar completamente el proceso a esta tecnología una vez definidos criterios como presupuesto o marca. En apenas un año, la adopción pasó de 15% a 42%, impulsada principalmente por millennials y la generación Z.

Este cambio marca el inicio de una nueva dinámica en el comercio. El recorrido del cliente se vuelve cada vez más automatizado y predictivo: el consumidor configura preferencias y permite que los algoritmos sugieran productos, comparen opciones e incluso influyan directamente en la decisión de compra.

El cambio de fondo no es tecnológico, es de comportamiento. El consumidor está dejando de buscar manualmente y empieza a delegar parte del proceso de decisión. Esto redefine por completo la forma en que las empresas compiten.

Porque cuando el cliente deja de navegar y empieza a decidir con ayuda de algoritmos, la competencia deja de centrarse únicamente en precio o disponibilidad y se traslada hacia la relevancia.

Este escenario tiene implicaciones directas en el negocio. La personalización basada en datos y analítica avanzada puede incrementar la conversión entre 10% y 30%, además de mejorar el ticket promedio y la recurrencia. A su vez, una mejor predicción de la demanda permite reducir quiebres de inventario y optimizar la operación, impactando directamente en la rentabilidad.

En este contexto, hemos identificado que los mayores avances en el sector no necesariamente provienen de modelos más complejos, sino de la capacidad de las organizaciones para conectar sus datos con decisiones operativas. Desde la optimización del surtido hasta el ajuste dinámico de precios o la personalización en tiempo real, el valor de la inteligencia artificial se materializa cuando forma parte del día a día del negocio.

Por ello, hablar de organizaciones AI-ready implica hablar de disciplina. Disciplina en la calidad del dato, en la arquitectura tecnológica y, sobre todo, en la claridad estratégica. No se trata de tener más información, sino de saber qué decisiones se quieren tomar con ella y cómo integrarlas en la operación.

En un entorno cada vez más competitivo, el dato deja de ser un insumo y se consolida como un activo estratégico. Las empresas que logren gestionarlo con inteligencia no solo responderán mejor a sus clientes, sino que estarán en posición de anticiparse a ellos.

La diferencia no estará en quién tenga más inteligencia artificial, sino en quién sea capaz de traducirla en decisiones que impacten el negocio todos los días.

Director general de Bluetab México y CEO para Latinoamérica

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