La humanidad atraviesa un punto de inflexión histórico con la llegada de la “era de la inteligencia”, una transformación acelerada que redefine la manera en que vivimos, trabajamos y tomamos decisiones.

De acuerdo con el informe KPMG Global tech report 2026. Leading in the Intelligence Age: Excelling Today, Shaping Tomorrow, a diferencia de avances anteriores como la imprenta, la fotografía o incluso el internet, esta etapa se caracteriza por la velocidad sin precedentes en la adopción de tecnologías emergentes, lo que genera oportunidades extraordinarias, pero también desafíos complejos que exigen reflexión estratégica.

La inteligencia artificial (IA) se ha convertido en el motor principal de este cambio. Sus modelos evolucionan de manera continua, los productos se lanzan sin pausa y la relación costo-capacidad mejora de forma sostenida. Las plataformas corporativas integran agentes inteligentes que facilitan la automatización y la toma de decisiones, mientras que los servicios basados en suscripción eliminan barreras para acceder a capacidades avanzadas.

Sin embargo, esta aceleración no garantiza el éxito por sí sola. En este contexto, surge una pregunta fundamental: ¿están las organizaciones preparadas para capitalizar esta oportunidad o corren el riesgo de quedar rezagadas en medio de la disrupción?

El reto actual no es únicamente democratizar la información, sino la experiencia: poner al alcance de todas las personas herramientas que permitan razonar, decidir y actuar con agilidad y precisión. Este cambio promete transformar la productividad y la innovación, pero no ocurrirá de manera automática. Requiere madurez tecnológica, visión estratégica y talento especializado.

Las cifras son reveladoras: 79% de las empresas se ubican en niveles altos de madurez tecnológica y se espera que 93% alcance tales niveles en los próximos 12 meses; 50% proyecta llegar al nivel más alto durante 2026.  Estas previsiones reflejan optimismo, pero también plantean riesgos, de no considerar los obstáculos estructurales que persisten.

Uno de los principales retos es la deuda tecnológica. En la carrera por la transformación digital, muchas compañías priorizan la velocidad y la reducción de costos, sacrificando aspectos esenciales como seguridad, expansión y estandarización de datos. Hoy, esas decisiones se traducen en una carga significativa: 63% de las y los ejecutivos reconocen que el costo de corregir esta deuda limita nuevas iniciativas.

A lo anterior se suma la escasez de talento especializado: más de la mitad de las organizaciones (53%) afirman que carecen de las habilidades necesarias para ejecutar sus planes de transformación digital. Las brechas que parecían atendibles en fases piloto se convierten en riesgos críticos al expandir los proyectos. Sin una estrategia integral para atraer, desarrollar y retener talento, la madurez tecnológica será difícil de alcanzar.

Otro de los obstáculos de la adopción de IA consiste en que, si bien la mayoría de las empresas han experimentado con herramientas genéricas, pocas han logrado desplegar casos de uso a gran escala con retorno de inversión tangible. De hecho, la proporción de organizaciones que lo consigue ha disminuido recientemente. A pesar de ello, 68% espera alcanzar el nivel más alto de adopción también durante 2026.

Este optimismo debe acompañarse de planes realistas que contemplen infraestructura robusta, gobernanza de datos y una cultura organizacional orientada a la innovación. La IA no es una solución mágica; su implementación efectiva exige procesos sólidos y una visión clara de los objetivos estratégicos.

Las compañías que lideran en madurez tecnológica comparten prácticas fundamentales: resolver la deuda tecnológica antes de nuevas inversiones, innovar con disciplina financiera evitando que la presión de costos frene la adopción de tecnologías emergentes y proteger las inversiones críticas en seguridad, expansión y estandarización. Estas acciones demuestran que la madurez tecnológica no se logra con promesas, sino con decisiones estratégicas sostenidas y una gestión responsable de los recursos.

La era de la inteligencia no se definirá por lo que las máquinas puedan hacer, sino por lo que decidamos que hagan. El futuro dependerá de nuestra capacidad para usar la tecnología con visión estratégica y ética, construyendo un entorno más eficiente, incluyente y sostenible. El desafío es considerable, pero también lo es la oportunidad.

Aquellas organizaciones que logren superar la deuda tecnológica, cerrar las brechas de talento y ampliar el uso de la IA con propósito estarán no solo preparadas para esta nueva era, sino en posición de liderarla.

* Socio de Asesoría en Estrategias y Procesos de Transformación Tecnológica (CIO Advisory) de KPMG México

** Las ideas y opiniones expresadas en este escrito son de los autores y no necesariamente representan las ideas y opiniones de KPMG en México

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