Las tensiones comerciales entre Estados Unidos y México están en aumento. La renegociación del T-MEC en 2026 y el avance de políticas proteccionistas en Washington han encendido alarmas en el sector empresarial. Los costos de los aranceles remodelan cadenas de suministro, erosionan márgenes de ganancia y obligan a replantear estrategias de precios de transferencia en un entorno cada vez más inestable.
Se han reinstalado aranceles de 25% sobre el acero y el aluminio importados a Estados Unidos, impactando a México y Canadá. La industria automotriz ha sido una de las más golpeadas: fabricantes de autopartes en México, dependientes de insumos importados, enfrentan costos de producción en aumento. Aunque el tratado ofrece beneficios, cumplir con los requisitos de contenido regional ya no basta para mitigar estas medidas.
El T-MEC, los contenidos regionales y la relocalización
El T-MEC incrementó el contenido regional del sector automotriz de 62.5% a 75%, obligando a los fabricantes a usar más componentes norteamericanos para acceder a aranceles preferenciales. Para muchas empresas que importaban piezas de Asia a menor costo, este cambio fue un punto de inflexión. Con la revisión del tratado en 2026, surge el dilema: ¿mantener la producción en México y absorber el golpe de los aranceles o buscar alternativas en otros mercados?
La relocalización parece lógica, pero es compleja y costosa. México exportó autopartes a Estados Unidos por más de 105 mil millones de dólares en el último año disponible, muchas con insumos importados. Según la Asociación Nacional de Autopartes (INA), reemplazar proveedores asiáticos para cumplir con el T-MEC podría aumentar costos de producción entre 10% y 15%, afectando la competitividad frente a Europa y Asia.
El Indicador IMEF de enero de 2025 refleja esta incertidumbre. Con una caída de 1.9 puntos en manufactura, situándose en 45.6 unidades, la desaceleración es evidente. La manufactura mexicana, dependiente del comercio exterior, enfrenta una tormenta perfecta con aranceles, restricciones regulatorias y márgenes reducidos.
El impacto en los precios de transferencia
El problema no es solo el costo de producción. Los efectos en los precios de transferencia son críticos. Si los aranceles reducen los márgenes de rentabilidad, las empresas deben justificar estos ajustes para evitar riesgos fiscales.
Las empresas manufactureras en México que exportan a sus filiales en Estados Unidos deben decidir si absorben la diferencia o trasladan el impacto. Si la subsidiaria en Estados Unidos paga más por los productos importados, las autoridades fiscales podrían cuestionar si el ajuste respeta el principio de plena competencia. No actuar tampoco es opción: una caída en los márgenes en México podría detonar auditorías fiscales.
Cómo protegerse: Estrategias empresariales
Para mitigar la volatilidad comercial, algunas empresas han revisado y ajustado sus márgenes en la documentación de precios de transferencia. Si los costos suben 12% por aranceles, deben documentar y justificar este impacto en estudios fiscales para evitar sanciones.
Otra estrategia ha sido la renegociación de contratos intercompañía. Muchas empresas han incorporado cláusulas de ajuste para modificar precios de transferencia ante cambios regulatorios. Esto otorga mayor flexibilidad y reduce el riesgo de disputas fiscales al reflejar impactos diferenciados en estados financieros.
La incertidumbre reflejada en el último boletín del IMEF indica que las empresas deben prepararse para un menor crecimiento. Ajustar estrategias fiscales y operativas ante la renegociación del T-MEC es clave para mantenerse competitivos.
2026: ¿Renegociación del T-MEC o nueva guerra comercial?
El futuro del T-MEC en 2026 es incierto. Con Donald Trump de regreso en la Casa Blanca, su administración ha convertido el comercio internacional en un campo de batalla. Si Washington endurece los requisitos en sectores como automoción y semiconductores, empresas dependientes del comercio trilateral podrían enfrentar costos adicionales inesperados.
México ya siente el impacto. Inversionistas han frenado planes de expansión ante la incertidumbre sobre la renegociación. Aunque una reversión total del tratado es improbable, cualquier ajuste en las reglas de contenido regional podría transformar las condiciones de competencia en Norteamérica.
Conclusión: Quien se adelante tendrá la ventaja
Las empresas que tomen decisiones estratégicas con anticipación minimizarán el impacto de estos cambios, mientras que aquellas que esperen a que las reglas se definan podrían enfrentar costos adicionales y ajustes fiscales. La clave no es solo cumplir con la normativa de precios de transferencia o evitar auditorías, sino diseñar estructuras operativas con suficiente flexibilidad para adaptarse a un entorno comercial cada vez más impredecible.
*Integrante del Comité Técnico Nacional de Precios de Transferencia IMEF