
Un Estado que sólo alcanza a rozar al crimen, sin someterlo plenamente a la ley, deja de imponer respeto

Un Estado que sólo alcanza a rozar al crimen, sin someterlo plenamente a la ley, deja de imponer respeto

Se ha ido consolidando en la percepción internacional la imagen de un país ingobernable, violento y sin ley



La soberanía no puede convertirse en una coartada moral para encubrir corrupción, incapacidad o colusión. No puede usarse como escudo mientras actores criminales gobiernan de facto



