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San Cristóbal de las Casas, Chis.— La zona zapatista que hace 20 años buscó justicia e igualdad con la firma de los acuerdos de San Andrés Larráinzar hoy es escenario multicultural de los 68 pueblos originarios del país al que se sumaron hermanos centroamericanos que buscan paz, reconocimiento y no discriminación.
Indígenas del país, así como guatemaltecos y salvadoreños en su mayoría, se sienten lastimados, olvidados por sus autoridades, y es la presencia del papa Francisco la que les podrá dar nuevas esperanzas.
La visita del líder de la Iglesia católica a Chiapas rompió fronteras y unió a 100 mil feligreses que por su aspecto se sentían —hasta antes de recibir la bendición del Pontífice— abandonados por sus autoridades. De la región de Los Altos, Francisco Hernández, indígena tzotzil del municipio de San Andrés Larráinzar, no podía dejar pasar la oportunidad de recibir la bendición del obispo de Roma, pues podría ser la primera y única reunión que tenga el religioso argentino con comunidades indígenas del continente.
“Es nuestro principal pastor, el único que sabe que existimos, el que no nos olvida”, comenta mientras ordena a su grupo de 300 personas para ingresar al centro deportivo municipal. Pedro Antonio Bravo Martínez viajó 12 horas desde Huautla, Oaxaca, para poder escuchar su palabra dirigida a los pueblos indígenas, que confirmarán su fe.
“Venimos a confirmar nuestra fe y escuchar su palabra. Es muy importante porque representa la unidad de la Iglesia, es el primero que nos trata de iguales”, dice el líder indígena.
Betzabé Landívar y Lindsay Balcázar, madre e hija, aprovecharon sus vacaciones en México y visitaron Chiapas. Son originarias del departamento Áncash, en la provincia de Huaraz, Perú, y están conformes con la bendición del Papa a distancia. No así Jorge Luis Meléndez, de 56 años, quien quiere estar muy cerca.
“El sacrificio valió la pena; uno se siente feliz y tranquilo al verlo. Si tuviera la posibilidad lo abrazaría, aunque sé que es imposible”, señala el guatemalteco.
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