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Lima.— Las mayores concentraciones en la campaña presidencial peruana han sido contra una candidata: la derechista Keiko Fujimori, una administradora de empresas que carga como cadena el recuerdo de su padre.
Como herencia política, el apellido Fujimori es un peso en contra, pero también un respaldo de marca registrada para la China, como es conocida popularmente la hija del encarcelado ex presidente Alberto Fujimori. Millones de peruanos la vieron comprometerse a no repetir los “errores” del gobierno de su padre (1990-2000), pero también promete reivindicar “lo bueno” del fujimorismo, como los programas sociales.
Keiko ingresó a la política en 1994 cuando aceptó ser primera dama en reemplazo de su madre, Susana Higuchi, quien se separó del presidente entre denuncias de que fue torturada. Por ello fue tachada de desleal.
Madre de dos niñas, en 2006 llegó al Congreso, donde también decepcionó por pasar tres de cinco años bajo licencia y no presentar ninguna iniciativa que dejara huella. En 2011 perdió las elecciones ante Ollanta Humala y hoy busca una segunda oportunidad.
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