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Para María Luisa Martínez ser residente de una de las torres que no fueron evacuadas del condominio Vista del Campo, donde hubo un deslave, es quizá peor que si lo hubiera sido.
“Me estoy muriendo de la angustia porque no sé qué va a pasar”, dijo la señora, habitante del penthouse en la torre uno, de cinco que hay.
Aclara que su hija es la propietaria de la vivienda y es ella quien habla con la administración y con los condóminos sobre su futuro en el predio, al cual María Luisa llegó a vivir hace cerca de dos años, según refiere desde el asiento trasero de su auto al salir del residencial.
Su exigencia a las autoridades es clara: “Que me den seguridad, que yo pueda estar tranquila, lo demás no me interesa. Si me tengo que cambiar, lo haré, pero por favor, que ya nos quiten esta incertidumbre”.
La intranquilidad durará tres semanas, tiempo estimado por el gobierno capitalino para tener los resultados de los estudios geológicos que se realizan en el talud para determinar si es seguro para los condóminos.
Ayer aún acudían habitantes de las torres tres, cuatro y cinco, evacuadas desde el miércoles pasado. Entraban y salían para gestionar el acceso de camionetas de mudanza. También llegaban familiares de los residentes para ayudar a sacar cosas.
“Dicen que no hay problema, pero entre que sí o que no, hay que correr”, expresó el señor Luis Meza, quien rentaba en el piso 10 de la torre cinco, la más cercana al deslave.
Comenta que mientras se irá a un hotel, pero ni los desarrolladores del condominio ni las autoridades se han acercado para apoyarles en alguna forma ante estos gastos extraordinarios que les genero este deslave y los tiene sin hogar.
“Nos comentan que están muy seguros los edificios porque tienen unos cimientos muy grandes, unos pilotes de 25 metros de profundidad a partir del nivel del estacionamiento”.
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