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Nadie duda de la genialidad de René Redzepi ni de su pasión por encontrar los mejores ingredientes que hablen por sí solos de su origen. Así lo explica él mismo: “Somos tan buenos como el producto que tenemos, la búsqueda de producto excepcional es lo que hace la diferencia”. Por ello no es de extrañar que esta premisa aplique a cada uno de los ejes que componen la experiencia Noma y eso incluye el café que se sirve al final de cada comida. Pero éste no siempre fue el caso.
Fue en 2013 cuando Redzepi comenzó a obsesionarse con el mundo del café, consciente que lo que ofrecían en Noma no podía compararse en cuanto a calidad al resto del menú. Por ello, ante un auditorio de especialistas en la Nordic Barista Cup se comprometió que tardaría un año en ofrecer el mejor café del mundo en su restaurante. Desde entonces, el chef danés ha procurado que el café sea un elemento con el mismo peso de importancia que cualquiera de los tiempos de sus menús degustación —ya sea en Copenhague o en su reciente incursión mexicana, en Tulum—.


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