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janet.merida@eluniversal.com.mx
Era tal el ímpetu de la gente que cantaba con Fito Páez que cuando al argentino le apagaron las luces y el micrófono en el escenario del festival Pal’ Norte —porque su tiempo se había acabado— ocurrió algo que pocas veces se ve en estos encuentros: la voz del público se volvió su amplificador y “Mariposa technicolor” sonó a capela, por encima de la música que comenzaba en otro de los escenarios. Ni Fito ni la gente se movieron del lugar hasta que terminaron de cantarla.
No hubo órdenes de por medio, eso que estaba pasando y que se reflejaba en los rostros emocionados era consecuencia de una conexión que surgió desde que Fito apareció en el escenario a las 19:30 horas, cuando los espectadores corearon su nombre y él —curiosamente también a oscuras— cantó “El amor después del amor”.
A esa primera canción siguieron “Margarita” —que compuso para su hija— y más adelante “11 y 6”, “Al lado del camino” y “Más brillante sobre el mic”. En esta última, pidió a todos que alzaran sus celulares y alumbraran el lugar.
“Venimos desde Buenos Aires pateando muchos kilómetros, en aviones, en barcos, en jets, caminando, en taxis y en camiones, llegamos hasta Monterrey y vamos a cruzar todas las fronteras”, expresó en la parte final de la canción.
Gritos y aplausos siguieron a sus palabras y de ahí todos entonaron “Mariposa technicolor”, pero el tiempo se había acabado.
Inmediatamente después de quitarles el audio, Fito y sus músicos también se quedaron a oscuras, donde abrazados y cubiertos de aplausos, hicieron una reverencia pausada, y ahora sí, se despidieron.
Menos de una hora después, Fito lanzó un guiño a sus seguidores: una foto en la que aparece sonriente junto a su equipo de trabajo y a bordo del avión. “Bye bye Monterrey!”, dijo el cantautor argentino.
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