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christian.leon@eluniversal.com.mx
Quien diga que una artista independiente y alternativa no puede a su vez llenar grandes auditorios y ser aclamado como un ídolo mainstream seguramente no ha visto a Björk.
En su primera visita a la Ciudad de México (había estado en Guadalajara en 2007 y Veracruz en 2012), la artista islandesa logró lo que ningún artista pop o rock.
Quizá era la emoción de la ocasión o quizá y sigilosamente Björk se ha convertido para los mexicanos en una “rock star” que no ha necesitado sonar en radio o estar en televisión masiva.
Así quedó demostrado desde que la artista de 51 años puso un pie anoche en el escenario del Auditorio Nacional, los silbidos, aplausos y piropos no pararon por cerca de dos minutos ininterrumpidos.
La euforia era tal que a la cantante sólo le quedó aguardar, viendo tras esas características máscaras confeccionadas por James Merry que ha utilizado desde que comenzó su actual gira.
La máscara se mezclaba perfectamente con el vestido blanco que utilizó para la ocasión, el cual tenía un escote que dejaba al descubierto su espalda.
La artista demostró tener un poder especial sobre sus fans mexicanos, pues antes de su aparición, pidió que nadie en el recinto tomara fotos ni videos y, como pocas veces visto entre los mexicanos, acataron la petición.
Así, sin flashes ni dispositivos móviles encendidos, durante sus primero temas “Stonemilker”, “Lionsong” o “History of touches”, el recinto parecía un inmenso infinito, en el que se veía dónde iniciaba, pero no dónde terminaba.
Todo el foco estaba sobre el escenario, quienes brillaban eran Björk y su orquesta (con integrantes mexicanos), logrando cautivar con temas como “Black Lake”, sin importar que la canción durara más de 10 minutos.
El show, que comenzó a las 20:45 horas, se dividió en dos actos: el primero dedicado a su nuevo disco Vulnicura; y el segundo, una breve recopilación de sus cuatro décadas de carrera.

Durante su presentación, la intérprete tuvo poca interacción con sus fans, a quienes por momentos les agradecía en español y con reverencias.
En el segundo acto, que inició tras un intermedio de media hora, Björk regresó con un atuendo distinto, en esta ocasión un vestido blanco corto cubría su cuerpo y una nueva máscara que ahora asemejaba a una corona que la hacían lucir como una emperatriz.
Inició con “Aurora”, canción que se desprende de su disco Vespertine, a la que le siguió “I’ve seen it all”, tema que originalmente interpretó junto a Tom Yorke (Radiohead) para el filme Dancer in the dark.
La intérprete se ha distinguido por ser particular y su concierto en México no pudo ser de otra manera, un show en el que no hubo teléfonos inteligentes buscando atesorar el momento; los gritos, aplausos y piropos excedidos nunca llegaron; los coreos a sus temas tampoco existieron. Todos querían lo mismo: escuchar a esta cantante de tierras nórdicas que logró este miércoles hacer enloquecer a los mexicanos.
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