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Las amenazas de la afición mexicana de gritar “eeeh put”, y que podría provocar la suspensión del partido, al final no se cumplieron.
O se cumplieron poco.
Sólo en cuatro ocasiones, el público mexicano, que fue mayoría en la Arena Kazán, se puso de acuerdo para gritarle al portero rival, Rui Patricio, quien, consciente o no, minimizó las manifestaciones al salir con pelota controlada en la defensa, sin ir largo.
Fueron cuatro ocasiones en las que se escuchó el satanizado cántico. La primera y más fuerte a los cuatro minutos; la segunda al 15’, con pocos participantes.
En el segundo tiempo vinieron otras dos: al 48’ y al 54’.
Por ahí hubo otros despejes e intentos, ahora sí muy aislados como para ser tomados en cuenta por el silbante argentino Néstor Pitana, que no hizo ni el mínimo intento por detener el juego.
La Federación Mexicana de Futbol ha sido multada en siete ocasiones por “Cantos homofóbicos de sus aficionados”, lo que ha sumado ya más de 2.5 millones de pesos en sanciones, los cuales no se han pagado, ya que el caso fue a dar al Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS), que aún no anuncia su decisión, aunque todo hace indicar que será en contra de México.
Hablaron pocos jugadores. La zona mixta de la Arena Kazán es una invitación a la prensa para buscar al jugador que sea, auque en la práctica se reduce a dos o tres entrevitas.
De los primeros en salir, Rafa Márquez, pero el capitán se niega a hablar, “no jugué viejo”; enseguida, Héctor Herrera: “No me toca”, dice, ante la mirada de la gente de FIFA que no entiende la falta de palabras de los protagonistas.
Andrés Guardado se detiene, pero advierte: “No salgan con que el rival es menor, que estuvo disminuido, siempre buscan pretextos. Es el campeón de Europa y fuimos mejores que ellos”.
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