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Luego de la rectificación del castigo a Pablo Aguilar y Enrique Triverio, de 10 y ocho juegos suspendidos, respectivamente, a un año de castigo por agresión a los silbantes Fernando Hernández y Miguel Ángel Flores, saltan recuerdos de casos similares.
Hay que ir a 1982 para recordar el primer castigo ejemplar de la Comisión Disciplinaria. Miguel Marín era el director técnico del Cruz Azul y, durante un partido contra Puebla, se metió a la cancha para reclamar una decisión arbitral de Jesús Mercado, quien le expulsó.
El estratega no aguantó su coraje y le propinó un cabezazo. El resultado fue la suspensión de un año para el “Superman”.
Otro caso ocurrió en 1998. Se jugaba un duelo de Liga entre Pumas y Chivas en el estadio Olímpico Universitario y, al finalizar, el joven argentino de los auriazules, Cristian Zermatten, explotó contra el árbitro Felipe Ramos Rizo, lo persiguió y —al alcanzarlo— le tiró un cabezazo en la cara. El sudamericano fue castigado un año y nunca recuperó su nivel.
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