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Besó el escudo que se ubica en la zona izquierda de su camiseta, mientras la multitud deliraba en las gradas del estadio Andrés Quinta Roo. Fue la rúbrica de una velada con feliz desenlace para el Guadalajara, más allá de los sobresaltos en la mitad inicial.
Javier Eduardo López entró al lienzo verde para ayudar a levantar un juego que las Chivas perdían por la mínima diferencia. Su gol (84’), ese que festejó con el gesto de amor al club que le formó, significó la voltereta y el boleto a los octavos de final en la Copa MX.
Victoria de las Chivas sobre el Atlante (1-3) tan valiosa como sufrida, porque la diferencia en el marcador llegó hasta los minutos finales, esos en los que los dirigidos por Matías Almeyda demostraron por qué habitan la parte alta de la clasificación liguera y son candidatos a levantar el trofeo del torneo alterno.
Noche de fiesta en el Caribe mexicano, porque los Potros de Hierro sólo fueron locales en lo administrativo. Miles de elásticas rojiblancas tapizaron una tribuna que despertó hasta el complemento, cuando el “Pelado” echó mano de la “Chofis” y Ángel Zaldívar. Par de relevos que mostraron el camino hacia el éxito.
Los quintanarroenses ganaban debido a un zapatazo de Fernando Espinosa (24’) y la plasticidad del meta Eduardo Bravo, quien se quedó corto en aquel servicio del “Chelo” que terminó en la pierna derecha de Carlos Fierro. Lo único que debió hacer el “Güero” fue entrar a paso lento al marco azulgrana (60’). De inmediato tomó el balón y lo llevó al círculo del campo para la reanudación. El festejo fue discreto. El objetivo era ganar.
El Rebaño Sagrado lo obtuvo con la habilidad de López, cuyo mágico recorte hizo añicos la cintura del zaguero Ernesto Reyes. El derechazo fue inatajable para Bravo. El arquero tampoco pudo hacer algo para evitar el tanto del juvenil Michelle Benítez (91’).
Las Chivas están en octavos de final, sumaron su cuarta victoria seguida y tienen ocho juegos sin perder.
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