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edgar.luna@eluniversal.com.mx
En México, el tema “extranjeros-naturalizados” parece no tener final, y las opiniones son de todo tipo, de acuerdo al cristal con que se mire.
La realidad es que en la llamada Liga MX hay demasiada preocupación por lo que pasa con los foráneos y por lo que puede suceder en un futuro no muy lejano, lo que no sucede con el resto de los países del continente, que se preocupan menos por cuántos extranjeros pueden jugar y más por cuántos nacionales pueden debutar.
En la Liga, las reglas son claras. Un equipo tiene la libertad de registrar hasta cinco futbolistas extranjeros y los puede meter a jugar al mismo tiempo, y además de los jugadores no nacidos en México, los naturalizados tienen todo el derecho a ser alineados sin restricciones.
No es lejano el día en que un club nacional pueda jugar con 11 extranjeros de inicio, lo que en teoría afecta en el presente al jugador mexicano como trabajador, y a la larga a la Selección Nacional Mexicana.
Esto podría hablar de la idiosincrasia nacional, o también de ponerle nombre real a lo que es el futbol actual: un negocio.
José Miguel Candia, sociólogo lo explica de esta forma: “La tradición futbolística mexicana es más débil que la de Sudamérica y la de Europa. También es claro que somos una de las Ligas más fuertes de América, pero inferior en calidad”.
Hay que llamar las cosas por su nombre: “En un mundo globalizado, donde el deporte no escapa a las leyes del mercado, el futbol está presente y es parte de la industria del espectáculo. Hay que ganar para vender”.
Lo importante es no echarle la culpa a los extranjeros. “La pregunta es: ¿ellos conspiran contra la formación de buenos jugadores mexicanos de origen? Claro que no… En un tiempo, algunos clubes trabajaban en forma sistemática: Atlas, Chivas, Pumas, América, Cruz Azul, supieron tener canteranos de primer nivel que llegaron a la Selección, el problema es cuando las políticas de los dueños de los equipos se orientan a la estrategia de la chequera, y si optamos por la chequera en vez del trabajo, estamos mal”.
Hay que ver el vaso medio lleno y también el medio vacío: “Nadie pensó que cuando Atlas, Chivas, Pumas, América y Cruz Azul dieron jugadores jóvenes, los extranjeros pudieran estorbar. ¿Y ahora, por qué los refutamos”.
Al final, la ecuación es sencilla: “En Sudamérica es claro, piensan más en formación de inferiores y menos en la chequera”.
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