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hector.morales@eluniversal.com.mx
El grito de gol del americanista de Osvaldo Martínez cayó al minuto 43. Justo a tiempo para ahogar cualquier intento por gritar “¡Justicia!” en el Estadio Azteca.
Las barras americanistas habían programado para ese instante esa protesta en memoria de los normalistas de Ayotzinapa desaparecidos el 26 de septiembre de 2014.
Al minuto 42, el silbante Fernando Guerrero marcó penalti de Carlos Salcido sobre Carlos Darwin Quintero. Un minuto más tarde, el contención paraguayo de las Águilas lo intercambió por una anotación.
Diana que hizo estallar al Coloso de Santa Úrsula, porque puso el descuento parcial del América ante el Guadalajara que se había ido al frente con dos goles de Omar Bravo. La exigencia de “paz y justicia” que habían presupuestado las barras amarillas quedó en un segundo plano ante la anotación de Martínez.
La única muestra en memoria de los hechos de Iguala apareció en la cabecera donde se ubicaron los seguidores al Rebaño. Una manta con el 43 se mostró entre las playeras rojiblancas. De ahí en más, la resaca del tanto emplumado fue más notoria. Felicidad local, con las gargantas aún resentidas por el alardido y, en el lado Chiva, el silencio por ver que su equipo era golpeado por el gol y la expulsión de Salcido.
Como expectativa, las hinchadas americanistas anhelaban que su grito demandante fueron de corte histórico, que el resto de los asistentes al ‘Coloso de Santa Úrsula’ se contagiaran, mas no sucedió.
La pena máxima distrajo la atención. El Clásico Nacional entró en un momento emotivo que dejó cualquier reclamo social para mejor ocasión.
Previo al juego, la sonrisa de los americanistas es socarrona. Bailan y cantan sin que desaparezca esa mueca de alegría mientras cargan un “féretro” hecho de cartón con el escudo de Chivas al revés. Luce como un funeral donde el “muerto” causa risa.
“Vas a descender, Vas a descender”, corean al unísono los fieles azulcremas que gozan en la explanada del Estadio Azteca. La barra conocida como “La Monumental” encabeza esos actos de jolgorio. “Chivas, Chivas, qué asco me das”, continúan los seguidores. Pero el resultado cambia todo. Es Chivas quien celebra. Los americanistas, con todo y sus burlas iniciales, callan.
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