Texto: Carlos Villasana
Hay quienes temen por lo que pueda pasar en la "vida ultraterrena", pero otros pasan a los miedos en que ciertos hechos se envuelven en lecturas de lo fantástico. Por eso el Centro de la Ciudad de México está lleno de relatos fantasmagóricos que traen su grano de verdad: el suceso real, casi olvidado pero que resurge bajo el velo de la historia de fantasmas.
Para saber más a fondo de este tema, hablamos con la periodista e historiadora Bertha Hernández, quien comparte con Mochilazo en el Tiempo el origen de las típicas historias del fantasma de una niña en las escuelas.
Por qué los fantasmas habitan las escuelas mexicanas
De acuerdo con Bertha Hernández, la leyenda urbana de la niña fantasma surge del uso de terrenos de antiguos cementerios para abrir calles y efectivamente, construir escuelas. Las dos primeras escuelas del proyecto de José Vasconcelos al frente de la recién creada SEP se levantaron en terrenos de esta clase:

La primaria Belisario Domínguez, de la colonia Guerrero, en un predio resultado de quitarle un trozo al Panteón de San Fernando para abrir la calle de Héroes. El otro caso es el Centro Escolar Benito Juárez, en lo que hoy es la frontera entre las colonias Roma Norte y Roma Sur, en los terrenos del extinto Panteón de La Piedad.
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Este es el origen de la leyenda, pero no los únicos casos. “Después de las negociaciones de 1929 que dieron fin al conflicto religioso [la Guerra Cristera], hubo un acuerdo en que los predios de uso religioso católico que hubieran sido ocupados por tropas federales, se quedaban en manos del gobierno federal”, narra nuestra entrevistada.
Al año siguiente, muchos de esos predios fueron entregados a la SEP para destinarlos a los fines que estimara convenientes. Uno de esos fines era construir escuelas.

Entre esos predios abundan atrios, casas curales y terrenos aledaños a los templos. Hasta antes de la Reforma liberal, los atrios solían funcionar como cementerios. Es muy lógico que si se asocia las leyendas de fantasmas a los cementerios, éstas se trasladen a las escuelas.
De acuerdo con la historiadora, las apariciones de distintos fantasmas y espantos van cambiando con el paso del tiempo, y muchas veces tiene que ver con las tragedias que van sucediendo y cómo las van viviendo otras generaciones.
Quizá los mejores ejemplos de esta adaptación generacional tienen que ver con cambios profundos de la Ciudad de México. Un ejemplo es el conjunto de historias paranormales que se cuentan del centro comercial Parque Delta, argumentando que después del terremoto de 1985, el parque de béisbol del Seguro Social, que se encontraba ahí, fungió como una gigantesca morgue.

El otro ejemplo interesante está en las historias de fantasmas que se cuentan y ubican en diversas líneas del Sistema de Transporte Colectivo Metro.
Bertha recuerda que hace unas décadas se hablaba mucho más de las apariciones de niñas en las escuelas, y que ahora hay algunas escuelas cuyas comunidades hablan de sus propios fantasmas, aunque no necesariamente son niñas.
Una de las razones que considera sea la razón de que se hablara más de niñas que de niños en las escuelas también pude ser en que hubo épocas en que eran más las niñas que los niños en las primarias, ya que los varones se incorporaban pronto a los oficios o negocios familiares desde muy temprana edad.

Escuelas que se dicen embrujadas en CDMX
En este fenómeno, hay algunos casos interesantes, nos cuenta Bertha: “En República de Cuba, en la plaza de Santo Domingo, hay una primaria, la Miguel Serrano, en la vieja casona que se levanta en el predio donde estuvo la casa de la Malinche y su esposo, el capitán Juan Jaramillo.
A pocas cuadras de ahí, está la Secundaria 11, en Belisario Domínguez y Eje Central. La escuela, reconstruida al menos en dos ocasiones, forma parte de lo que fue el Convento de la Concepción, el más antiguo y poderoso de los conventos novohispanos. Otra vez, la voz de la comunidad escolar cuenta que en el gran árbol -que es viejo, sí, pero no tiene los 450 años que algunos rumoran - se aparece una monja que se ahorcó en el árbol.

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“Esta historia es una variación de una famosa leyenda. La monja suicida existió. Era hermana de los hermanos Ávila, ejecutados en la Plaza Mayor por sumarse a la conspiración encabezada por los hijos de Hernán Cortés, con miras a separar el reino de la Nueva España de la corona española”, relata la historiadora.
La hermana de los Ávila se hizo monja por engaños de sus hermanos, que no deseaban partir la herencia, razón por la cual sobornaron y alejaron al pretendiente que ella amaba. Cuando se enteró del engaño, se ahorcó de un árbol de la huerta del convento.
Este fantasma aparece incluso en algún expediente inquisitorial, donde otra monja del mismo convento habla de la aparición. Hoy ya no quedan sino indicios del enorme convento, pero su fantasma sobrevive en forma de leyenda escolar.

“El Centro Escolar Revolución, de 1933, también tiene su fantasma. O tenía. La historia que escuché hace años hablaba de una niña fantasma. Se había caído en una tinaja de yeso, y se había ahogado. Probablemente es un caso que sí ocurrió, pues el plantel es enorme, y seguramente tomó tiempo acabarlo por completo.
Lo que extrañaría en este caso es que no haya más historias de fantasmas en el Centro Escolar Revolución, construido en los terrenos de la terrible cárcel de Belén. La cárcel de Belén, que fue “la escuela del crimen” del porfiriato, está llena de historias terribles de crímenes y persecución”, indica la periodista e historiadora.

Nuestra entrevistada opina que la afición de los mexicanos a estos relatos parte de nuestra herencia novohispana. En sus tres siglos, Nueva España era una nación esencialmente católica y el ganarse el cielo o el infierno eran una cuestión de la vida diaria. Dejar cuentas pendientes, no ser un buen cristiano, haber hecho el mal, eran cosas que te cerraban las puertas del cielo y te podían convertir en un alma en pena.
Los Ávila y su hermana existieron, el famoso Don Juan Manuel, que mataba transeúntes, instigado por el diablo, a las 11 de la noche, fue víctima de un crimen político. Otros fantasmas tienen menos abolengo, pero permanecen.
Los hoteles y sus (no) fantasmas
Uno de nuestros clásicos contemporáneos, Guillermo del Toro, dice que un fantasma es un suceso terrible que se repite una y otra vez. Tal vez ese principio se puede aplicar a los lugares "clásicos" para ubicar historias de fantasmas. Dos de esos lugares son los hoteles y las escuelas.
Esto tiene que ver con el escritor británico Malcolm Lowry y el Hotel Montecarlo. Lowry murió en el Reino Unido, en lo que pareció un suicidio involuntario.
Pero acaso los fantasmas, en esa naturaleza repetitiva de la que habla Del Toro, no solo se asocian a los espacios, sino al tamaño de nuestras obsesiones.

Los hoteles como “casa de fantasmas” son un tema que llega hasta la literatura de horror. Ese es el hilo conductor de dos obras de Stephen King, El Resplandor, naturalmente, y 1408.
México no se escapa a las leyendas urbanas y las tradiciones heredadas -unas más antiguas que otras, unas más truculentas que otras-. Con todo, yo diría que si creyéramos en fantasmas, en el caso de los hoteles no están todos los que deberían.

“Al menos en el caso de la Ciudad de México, algunos crímenes muy sonados ocurren en hoteles o se relacionan con hoteles y no sabemos de historias de fantasmas”, comenta la periodista.
En 1850, el respetado diputado jalisciense Juan de Dios Cañedo fue asesinado en el Hotel de la Gran Sociedad, que estaba en el sitio donde muchos años estuvo la ferretería Casa Boker (antes de su actual edificio).

El crimen fue muy aparatoso, la conmoción fue mucha porque se cometió en Jueves Santo y porque, capturado uno de los asesinos, lo ahorcaron frente a las habitaciones de su víctima. Y siendo algo tan sonado, nunca se habló de fantasmas.
“Tampoco se sabe que el senador Belisario Domínguez haya retornado en modo fantasmal a su última morada terrenal, sus habitaciones del Hotel Jardín, que estuvo donde hoy se encuentra la Torre Latinoamericana”, señala la historiadora.
Tampoco hemos sabido que Rosa Su López, conocida en el México de 1951 como la bailarina exótica Su Muy Key perturbe a los huéspedes del Hotel Pal, que todavía existe en Arcos de Belén, casi esquina con Balderas. En 1951, el hombre con el que había roto la mató de dos balazos, en lo que ella creía era la despedida.

En este sentido la periodista sigue narrando, “Pero si me preguntan dónde debería haber una historia de fantasmas, es en la Cinco de Mayo, aunque después de más de un siglo, no se sabe en qué punto de aquella calle”.
“En diciembre de 1909, una jovencita, María Luisa Noecker, salió de su casa para reunirse con una pandilla de toreros. Un vendedor de huevo, conocido suyo, la citó en una cantina para presentarle al ídolo de la muchacha, el torero Rodolfo Gaona”.

“Pero Gaona nunca llegó. ‘Está Enrique, su hermano’, le dijeron a la chica. Y ella aceptó conocer a aquel hombre, quien la sedujo y llevó a un hotel de Cinco de Mayo donde pasó la noche. Al día siguiente, enloquecida al saberse engañada y deshonrada, María Luisa Noecker se suicidó de un tiro, delante de su novio y la servidumbre de su casa. Su caso corrió por las calles de México en las hojas volantes del impresor Vanegas Arroyo, mientras Gaona, el famoso torero fue a la cárcel un mes, mientras se aclaraban las cosas”.
“De la pareja que entró a ese establecimiento, el administrador del hotel sólo dijo: ‘simplemente creí que eran amantes’. Fue todo un escándalo del porfiriato cuyas huellas solo están en los papeles viejos”.
Para concluir este tema de apariciones, la historiadora nos dice lo siguiente: “El cronista e historiador Luis González Obregón escribió alguna vez que la Llorona estaba desapareciendo porque los niños de las primeras décadas del siglo XX ya no creían en fantasmas. Se equivocó”.
- Fuentes consultadas:
- Entrevista con Bertha Hernández G. (México, D.F.) Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UNAM, con estudios de maestría en Historia de México por la misma institución. Tiene 24 años de experiencia en periodismo profesional, comunicación social, investigación histórica y divulgación de la historia.







