29 bloqueos carreteros en 17 estados del país, toma de tres casetas y una aduana se registraron el pasado lunes 24 de noviembre. Una protesta nacional de transportistas y campesinos con peticiones legítimas como es la inseguridad en carreteras, extorsiones, corrupción en operativos viales y apoyos gubernamentales al campo, sin obtener respuestas reales.

Ante estas manifestaciones, los transportistas y campesinos recibieron reproches por parte del gobierno federal, acusándolos de no tener disposición al diálogo e incluso fueron amenazados con que les iniciarían carpetas de investigación si no levantaban los bloqueos, rompiendo cualquier posibilidad de diálogo con intimidaciones propias de un régimen totalitario.

El gobierno morenista está olvidando que gobernar es escuchar a los gobernados. Ignorarlos o descalificarlos porque no son militantes de su movimiento es un grave error, están demostrando que no gobiernan para todos los mexicanos. Y la obligación del gobierno de la República es gobernar para todos, para los que votaron a favor y los que votaron en contra.

Desafortunadamente esa es la postura del actual gobierno, que al contar con mayoría en el Congreso de la Unión ha perdido la sensibilidad del diálogo y se ha vuelto intolerante, lo que les está generando un desgaste muy alto que no están dimensionando.

Tan sólo en las semanas recientes, se han realizado diversas manifestaciones en las calles del país: la generación Z, mujeres, campesinos, transportistas, maestros, entre otros sectores de la población. Y con todos ha sido el mismo tono de descalificación, en un intento de deslegitimar las manifestaciones sociales. Pero criticar estas movilizaciones no hace que las demandas que plantean desaparezcan. Al contrario, se comienza a generar un sentimiento generalizado en contra del gobierno por no escucharlos.

Resulta lamentable que un movimiento que tuvo su origen en la protesta social ahora ignore a quienes alzan la voz para pedir sean atendidos. Es parte de una actitud generalizada de los integrantes del partido en el poder que por supuesto no tienen la mínima intención de escuchar a nadie que piense diferente a ellos.

En el Congreso de la unión ocurre exactamente lo mismo, no escuchan ni dialogan con la oposición. No han comprendido que conocer la opinión de la oposición sirve para tener un pulso social completo. Lo que está ocurriendo es que al no escuchar y pensar que toda manifestación es parte de un complot o una campaña orquestada, aceleran el desgaste natural al que se somete cualquier gobierno.

Y eso tiene un costo no sólo social, sino también electoral, que es lo que el partido mayoritario piensa que tiene controlado. Se les olvida que la dinámica social se mueve más rápido que cualquier estrategia de gobierno, lo que comienza a reflejarse en encuestas, donde al menos 14 de sus gobiernos estatales están reprobados. Y todavía falta año y medio para la elección intermedia en donde la población nos va a calificar con su voto, tanto a la oposición como al gobierno. Sólo que el gobierno es el que tiene la mayor responsabilidad y por lo visto ya se le olvidó lo más fundamental, que es escuchar a sus gobernados.

Senador de la República y Vicecoordinador del Grupo Parlamentario del PAN

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