Me encuentro en la Perla de Occidente, la bella ciudad de Guadalajara, para asistir a la feria del libro en español más importante y más grande del mundo, la FIL, que justo se inauguró ayer.

Tomo prestado el título del maravilloso libro de Steven Pinker, quien es profesor de la Universidad de Harvard, En defensa de la Ilustración: Por la razón, la ciencia, el humanismo y el progreso, publicado por Paidós.

La época de la Ilustración —también llamada Siglo de las Luces— fue un movimiento intelectual, cultural y filosófico que se desarrolló principalmente en Europa durante el siglo XVIII.

Su objetivo central fue promover la razón, la ciencia y la libertad de pensamiento como herramientas para mejorar la sociedad y liberar al ser humano de la ignorancia, la superstición y el poder absoluto.

Crédito: stevenpinker.com
Crédito: stevenpinker.com

En palabras de Immanuel Kant, uno de los pensadores más destacados de la época: “Es la emersión de la humanidad de su inmadurez autoinfligida, de su sumisión "perezosa y cobarde" a los "dogmas y fórmulas" de la autoridad religiosa y política. El lema de la Ilustración es "atrévete a comprender" y su exigencia fundamental es la libertad de pensamiento y de expresión.”

La Ilustración es un verdadero parteaguas en la historia de la humanidad, pues nos ha permitido un desarrollo material, intelectual, científico y humanístico como nunca antes.

Previo a la ilustración, habíamos vivido durante siglos en la era del oscurantismo, dominada por las ideas de quienes detentaban el poder: la iglesia y el poder político, encarnado en reyes que eran considerados como elegidos por Dios para guiar a su pueblo. De ahí viene el plural mayestático que hoy no deja de causar cierta hilaridad cuando lo usan algunos políticos de la actualidad para darse importancia. Los reyes hablaban siempre en primera persona del plural, porque sus dichos eran de “Dios y yo”. Por eso el nosotros.

En aquella época los dogmas y supersticiones impuestos por la iglesia y el poder político eran la norma y la ley. Si una mujer se atrevía a pensar por sí misma y contradecir a un hombre, podía ser acusada de brujería y quemada viva. La Tierra era por supuesto el centro de universo, y el sol y las estrellas giraban en torno a ella.

La mayoría de las personas no sabían leer ni escribir y, previo a la invención de la imprenta, hacia 1450, no había tampoco material de lectura para los plebeyos. Solo los nobles y el clero tenían acceso a los libros.

El primero de los valores de la Ilustración, la razón, fue tan importante porque nuestros hábitos comunes de pensamiento no son particularmente razonables. Pensadores como Kant, Spinoza, Hobbes, Hume y Adam Smith eran muy conscientes de nuestras pasiones irracionales y debilidades, por lo que insistieron en el uso de la razón.

Con el énfasis del segundo de los valores, la ciencia, en vez de llegar a la verdad a través de la fe y los dogmas, se valoraron la observación y la experimentación como métodos para descubrirla.

Sabiendo que la ciencia nos ha permitido un desarrollo de la humanidad sin precedentes, hoy preocupan todas las voces, especialmente desde centros de poder en todo el mundo, que descalifican a la ciencia.

Después de dos siglos de intentar liberarnos de la superstición, preocupa que nuestros libros de texto de educación básica en México afirmen que “hay muchas maneras de explicar la realidad, y la ciencia es tan solo una de ellas. También están los saberes ancestrales.” Se hace equivalente visitar a un chamán a una consulta médica, puesto que se equipara a la ciencia con la superstición. Lamentable.

México importa alrededor de 20 millones de toneladas de maíz al año, mucho de éste transgénico, mientras que aquí está prohibido su cultivo por razones políticas e ideológicas y no científicas. No hay absolutamente ninguna evidencia de que el maíz transgénico tenga algún efecto para la salud. Mientras que el maíz tradicional tiene un rendimiento por hectárea de unas 2 toneladas, el maíz transgénico rinde alrededor de 10 o más.

Resulta también preocupante escuchar al presidente del país más poderoso del mundo (probablemente no por mucho tiempo) decir en un discurso en las Naciones Unidas que “el calentamiento global es el mayor fraude de la historia, perpetrado por gente estúpida.” Preocupa también que ese mismo líder, en compañía de su inepto Secretario de Salud, afirme que las vacunas producen autismo.

Decía José Saramago que: “Llegará el día en que la inteligencia será despreciada y la estupidez será adorada.” Me parece que ya llegó.

Un hecho es información sin emoción o ideología, una opinión es información basada en la experiencia, la ignorancia es una opinión sin conocimiento y la estupidez es una opinión que niega los hechos.

Siguiendo con el Dr. Pinker y el tercer valor que defiende en su obra, el humanismo: “los pensadores de la Ilustración vieron una necesidad urgente de una base secular para la moralidad, porque estaban abrumados por la memoria histórica de siglos de carnicería religiosa: las Cruzadas, la Inquisición, las cacerías de brujas, las guerras religiosas europeas.”

“Ellos establecieron el fundamento de lo que hoy llamamos humanismo, que privilegia el bienestar de los hombres, mujeres y niños como individuos, por encima de la gloria de una tribu, raza, nación o religión. Un imperativo categórico es el de tratar a los seres humanos como fines y no como medios.”

Con la Ilustración, los dogmas y las supersticiones dieron paso a la razón y a la ciencia. Para conocer la verdad, ya no consultamos a la iglesia, sino a la ciencia. Justo ahí es donde la industria editorial ha jugado un papel trascendental, porque ha sido a través de los libros que hemos transmitido todo este conocimiento.

El problema de la actualidad es que, con el advenimiento de las redes sociales y los contenidos en línea, las voces de académicos, científicos y expertos se han pretendido equiparar con la de los opinólogos. Hoy en día, para muchas personas vale lo mismo una opinión desinformada de un adolescente tiktokero que la de un científico.

Con un internet que, como decía hace poco un conferenciante, se ha convertido en un gigantesco basurero de información, y unas redes sociales infestadas de desinformación y noticias falsas, la labor de las editoriales como guardianes de información validada científicamente es tan relevante.

Las editoriales tienen en todo el mundo procesos muy serios y rigurosos de curaduría, selección y revisión de los contenidos que publican. Se juegan su prestigio en cada publicación. Por ello, si se requiere información fidedigna, un libro o revista publicados por una editorial son la mejor fuente.

Cierra su reflexión el Dr. Pinker diciendo que: “Nunca tendremos un mundo perfecto, y sería peligroso buscarlo. Pero no hay límite a las mejoras que podemos lograr si continuamos aplicando el conocimiento para impulsar el desarrollo humano.” Ojalá le hagamos caso y dejemos atrás la superstición y la negación de la ciencia.

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